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De perros y sus dueños...: TITÁN.

TITÁN


―Gracias―dijo Ana al vecino del primero que le mantuvo la puerta abierta para que ella entrara.

Ana miró las escaleras, aún le quedaba algo de energías tras la hora larga que llevaba corriendo y, si no era así tenía que sacarlas. Un tercero sin ascensor, no eran demasiados escalones pero lo suficiente para terminar agotada tras una larga sección de running. Con un ligero movimiento de barbilla y una tímida sonrisa saludó a la vecina del segundo derecha sin aminorar el ritmo, si lo hacía terminaría tumbada en las escaleras entre el segundo y tercer piso. La voz de Adele dejó de escucharse en los auriculares, una llamada entraba, Andrés estaba llamándola.
―Hola, Andrés―dijo con voz entrecortada mientras terminaba de subir a su casa. ―.Corriendo, me has pillado subiendo a casa. ¿Qué pasa? ―preguntó mientras se quitaba la cinta que llevaba al cuello con las llaves de su casa. ―Un favor, ¿por qué tengo la impresión que solo te acuerdas de mí para pedirme favores? No, no soy mala, es la verdad. Dime.―dijo entrando en casa.
Ana dejó las llaves sobre la mesa de la entrada y siguió rumbo a la cocina, necesitaba un buen vaso de refrescante agua. Se sirvió un vaso de agua sin dejar de prestar atención a su hermano, Andrés no hacía más que alabarla y decirle lo maravillosa que era.
―A ver, ¿qué me vas a pedir? ―preguntó saliendo de la cocina y dirigiéndose a su habitación. ―¿Titán? ¿Qué le pasa a Titán? No, Andrés, no me líes―contestó quitándose la ropa. ―. Te lo advertí, ¿para qué demonios te compraste un perro? Sí, sí, todo lo que tú quieras. Andrés, a mí no me permiten tener mascotas en casa y lo sabes. Y aunque así fuera, ¿cómo iba a meter a un dóberman en mi casa si apenas ¡quepo yo! ―comentó mientras buscaba en el cajón destinado a la ropa interior. ―En tu casa, veo que lo tenías todo pensado. Joder, Andrés, ¿por qué siempre me metes en tus líos?
―Ana sabes que no te lo pediría si no lo necesitara. No puedo dejarlo solo. Papá y mamá están fuera este fin de semana si no los dejaría con ellos. Además, tú te llevas muy  bien con Titán.
―Ya, yo me llevo muy bien con Titán. Andresito, sabes que tras esta me vas a deber un favor muy grande.
―Anda, te traeré un regalito de Londres.
―Ja, ya serán unos Manolos.
―Joder, ¡me va a salir caro el favor! ―bromeó Andrés.
―Muy bien, está bien, pasaré estos días en tu casa. Te salvas porque a última hora se anuló lo que tenía. Sí, pesado, iré para tu casa cuando termine las clases. Hala, te dejo que necesito una ducha y luego he de preparar la maletita. ¡Buen viaje!
¡Genial, noche de viernes y mi plan es salir con un perro!, pensaba Ana mientras Titán le lamía las manos.

―Sí, guapo, ahora mismo salimos. Titán, tu dueño tiene un rostro que se lo pisa. Él en Londres y yo aquí contigo. No, no me digas que se ha ido por trabajo. No, no me vale―dijo mientras terminaba de abrocharse las zapatillas de deporte. ―.Bueno, Titán, ¿dispuesto a ir a correr?

Titán salió de la habitación tras de ella. Ana le puso la correa, comprobó que tenía todo lo que necesitaba y, salió seguida por Titán de casa de Andrés. Craig David comenzó a sonar en sus auriculares. Estaba a los pies de la escalera preparada para comenzar su carrera cuando recordó que estaba en casa de Andrés. ¿Ascensor? Sí, mejor el ascensor que son nueve pisos, pensaba observada por Titán.
Una vez en la calle comenzaron su trote. No era la primera vez que salía a correr con su sobrino canino, muchas veces salía a correr con su hermano y Titán, quien estaba acostumbrado a seguir el ritmo.
En pocos minutos estaban bajando al río. Atrás había quedado el ruido de los coches para correr atravesando el antiguo cauce del río Turia, aquella era casi la misma ruta que hacía cada día ya que Andrés y ella vivían cerca. Ana paró un momento sin dejar de trotar, Titán tenía necesidades que cubrir.

―Puaff, esto es lo peor de cuidarte. Titán, ya podrías recoger tus caquitas tú mismo―dijo acariciándole aquella impresionante cabeza negro azabache. ―.Hala, Titán, seguimos.

Ambos retomaron la marcha. La verdad es que correr con Titán da una seguridad increíble, pensaba Ana mirando de reojo a su compañero de trote. Media hora llevaban corriendo cuando Titán empezó a moverse haciendo círculos a su alrededor haciéndola tambalearse y casi caerse.

―¿Qué pasa Titán? ―preguntó mirando a sus oscuros ojos que le pedían algo.

Ana miró a su alrededor hasta ver a un par de perros corriendo entre los árboles mientras sus dueños charlaban tranquilamente.

―¿Quieres ir con ellos? No sé para qué te pregunto ―Ana lo obligó a sentarse antes de soltarlo. ―. Titán ni se te ocurra meterme en un lío. Ojo, solo jugarás un rato que tenemos que seguir corriendo.

Ana siguió con la mirada a aquel locuelo dóberman de un año, lo veía tan grande que a veces olvidaba que aún era un cachorro. Titán enseguida corrió tras el imponente pastor alemán y el dálmata que jugaban en medio de los árboles.
Ana se acercó a donde estaban los dueños de los perros sin quitarle la vista de encima a Titán.

―Hola―la saludaron al unísono los que imaginaba eran los dueños de los perros.
―Hola―devolvió el saludó Ana quitándose los auriculares.
―¿Es Titán?
―Sí, es él. ¿Lo conoces? ―preguntó Ana mientras se fijaba en su interlocutor. ¡Mare de Deu, cómo está y yo con estas pintas!, pensaba recogiéndose los mechones que se le habían salido de la coleta.
―Sí, claro, colega de  Boss.
―De Boss, ¿hablas de Bruce Springsteen?  ―bromeó Ana con un guiño.
―No, muy aguda, je je je. Hablo del pastor alemán. Son casi de la misma edad y se conocen desde que tenían un par de meses. ¿Y Andrés?
―Bueno, me retiro que ya llevo aquí más de una hora. ¡Pongo!

Ana no pudo evitar sonreír al escuchar el nombre del dálmata.

―Sí, mi sobrina cuando lo vio dijo que era igual que el de la película y así se quedó. Venga, Pongo, nos vamos. Bueno, chicos, un placer. Saludos a Andrés.
―Se los daré.
―Hasta mañana, Pedro. Sí, Pongo, a ti también te veo mañana.

Ana acarició la cabeza del dálmata que la invitaba a hacerlo.

―Bueno y ¿Andrés? ¿Dónde anda?
―De viaje, así que me ha tocado cuidar de su “hijo canino”.
―Es un buen perro. No te dará mucha guerra. Por cierto, me llamo Iván.
―Ana. Soy Ana.
―Encantado Ana―dijo clavándole sus negras pupilas en las de ella. ¡Qué calladito te lo tenías, Andrés!, pensaba sin dejar de sonreírle. ―¿Y cuántos días vas a estar de canguro?
―Se supone que el lunes regresa Andrés de Londres así que tengo por delante un fin de semana como canguro. ―rio Ana sin poder evitar tocarse el pelo.
―Entonces nos veremos por aquí.
―Sí, supongo.
―¿Y te lo has llevado a casa? ―siguió preguntando Iván mientras se preguntaba qué le estaba pasando al notar que su corazón se aceleraba.
―No, me quedaré en casa de Andrés. En mi casa imposible o entra él o entro yo.
―Ja ja ja, ¡ya será para menos!
―Hablo en serio. Mi piso es pequeñín, bueno, lo suficientemente grande para mí.
―La casa de Andrés está muy bien y, bueno, si necesitas algo estos días yo estoy justo encima.
―Así que eres vecino de Andrés.
―Sí.
―Nunca hemos coincidido.
―No, nunca. ― No, nunca hemos coincidido, me acordaría de ti de haberte visto antes. ¡Qué oculta la tenías, Andresito!
―Bueno, yo voy a seguir corriendo un poco más.
―Bien, nos vemos mañana.
―Sí―contestó Ana mientras sentía la penetrante mirada de Andrés. ―. ¡Titán, aquí!

Titán enseguida obedeció. Ana le puso nuevamente la correa, se enchufó los auriculares y tras despedirse de Iván continuó su marcha mirando un par de veces para atrás disimuladamente para volver a ver a Iván llamando a Boss que iba detrás de ella.

―Eh, Boss, ve con tu dueño―dijo acariciándole la cabeza―. Mañana nos vemos―continuó agachándose y dejándole un beso en la cabeza. ―, Boss podrías decirme si tu dueño está saliendo con alguien. Hala, ve con él.

Ana le dio una palmadita a Boss que obediente salió corriendo junto a Iván, quien no les quitaba la vista de encima. Ana se incorporó saludó con la mano a Iván y retomó su camino junto a Titán.

―¡Qué envidia me das Boss! Te ha molado Ana, eh. Colega hemos llegado tarde, Titán y Andrés se nos han adelantado.

Titán se tumbó ante la bañera mientras Ana se daba una larga y placentera ducha. Busquemos el lado bueno de estar cuidando a Titán este fin de semana: uno, la ducha de hidromasaje de Andresito, esto es una maravilla. Dos, poder disfrutar de su terraza. Tres, no tenía nada mejor que hacer este fin de semana. Cuatro, el impresionante vecino de mi hermano. ¡¡¡Cómo está!!! Bueno, eso da igual, seguro que está más que pillado. Imposible que no lo esté y si no lo está es porque debe tener algún fallo. ¿Qué fallo puede tener? ¡Si hasta el nombre lo tiene bonito!
Ana cerró el agua, estiró el brazo y cogió la toalla que había dejado preparada junto a la bañera. Se sacudió la cabeza mojando a Titán, que se levantó enseguida de su posición.

―Perdona, Titán, hazme un hueco―dijo riéndose Ana―.Titán, tú que conoces a Iván. ¿Cuál es su fallo? ¿Sabes si tiene novia? Algo sabrás de él, seguro―comentó bajo la atenta mirada del perro que movía su cabeza a un lado y a otro prestándole atención. ―. ¿Cómo es posible con lo casamentero que es tu dueño que no me haya hablado de Iván? ¡Si ha intentado liarme con todos sus amigos! Lo dicho, más claro agua, tiene novia.
Nada más terminarse de hidratar la piel Titán se acercó a ella y tras olerle las piernas comenzó a lamerlas.

―Titán, no―rio Ana.
…mientras tanto un piso más arriba…
―Boss, tu colega ha tenido una suerte tremenda. ¿Te has fijado en la novia de su dueño? Sí, sí que te has fijado. Bien que te largabas con ella, capullo, ¿pretendías cambiarme por ella? Te perdono porque hasta yo lo hubiese hecho.
Iván hablaba con su pastor alemán como si de una persona se tratase. Boss parecía estar prestándole todos sus sentidos.
―¿Y si bajara a pedirle algo con alguna excusa? No, no, Iván. No está bien intentar ligar con la novia de un amigo. ¿Acaso te gustaría a ti que te hicieran lo mismo? ¿Cómo es posible que en todo este tiempo Andrés no me haya hablado de ella? Está claro que no puede haberla conocido hace poco, uno no mete en su casa a cuidar de su perro a una tía a la que conoce de dos días. No, no veo a Andrés haciendo eso. Fuerte, me parece muy fuerte que no me haya hablado de ella.
Iván encendió un cigarrillo y se sentó en la terraza a leer. Boss se tumbó a su pies. ¿A dónde se había ido su capacidad de concentración? No podía concentrarse. No era capaz de borrar la imagen de Ana de la mente. ¿Cómo era posible que se hubiese colado en sus pensamientos si no habían pasado juntos ni media hora? Iván, no sé cómo lo haces pero siempre te fijas en la persona equivocada. Bórrala de tu mente, Ana es la novia de Andrés, está fuera de tu alcance.
Nada. Acababa de pasar página y no se había enterado de nada. Dejó el reader sobre la mesa y le dio una nueva calada al cigarro. Boss estiró las orejas y se incorporó.
―¿Qué pasa colega? ¿Ha llegado el yorkhire de enfrente? Je je, mira que le tienes manía, ¿eh? ―dijo acariciándole la cabeza. ―No me extraña con esos lazos que le ponen, ja ja ja.
El timbre de la puerta sobresaltó a Iván. Boss se levantó de golpe y salió a galope hasta la puerta. Iván apagó el cigarrillo y salió a ver quién era. Miró la hora. Las diez. ¿Quién será? ¿Había quedado para salir? No, tanto no ha podido írseme la cabeza, pensaba de camino a la puerta. Miró por la mirilla. ¿Ana? , se dijo así mismo volviendo a mirar. Sí, había visto bien. Le levantó los pulgares a Boss que no paraba de menear el rabo de un lado a otro.

―Hola―dijo Ana que ya había perdido todo el valor que no sabía de dónde había sacado para subir. ―. Hola, guapo, mira que eres guapo.
―Gracias―rio Iván. ―.Tú sí que eres guapa.
―Se lo decía a Boss. ―dijo acariciando al pastor alemán que no paraba de lamerle la mano y de rozarle las piernas con la cabeza para que se la acariciase. ―Y gracias por el cumplido.
―Sí, yo no puedo decir ahora. Se lo decía al perro―bromeó Iván mirándola fijamente a los ojos. ―.Tú dirás.
―¿El qué? ―preguntó Ana, ya no recordaba la excusa para subir a casa de Iván.
―¿Qué querías? ¿Ha pasado algo? ―preguntó con una amplia sonrisa terminándola de desconcertar.
―Ah, sí, perdona, las neuronas ya no me rigen a estas horas. ¿Andrés y tú soléis ir juntos?
―¿Juntos a dónde?
―Con Boss y Titán.
―La mayoría de las veces, ¿por?
―No, por no romperle la rutina a Titán. Ya que Andrés me ha metido en este lío y estoy en su casa.
―Perfecto. Podemos ir juntos mañana por la mañana.
―Bien, ¿a qué hora?
―A las siete―bromeó Iván.
―Me estás diciendo que mañana sábado vas a salir con Boss a las siete de la mañana―comentó Ana―. ¿Me estás diciendo que Andrés madruga los fines de semana para sacar a Titán? ¡No me lo puedo creer! Si mis padres se enteran alucinan en colores.
―¿Tus padres? ¿La imagen que tienen los suegros de Andrés es que se le pegan las sábanas? ―dijo sin poder evitar la risa.
―¿Los suegros? ―preguntó sorprendida Ana. ―¿Andrés sale con alguien y no me lo ha dicho?
―¿Tú no eres su novia?
La puerta del ascensor se abrió y salió la pareja de enfrente con el Yorkshire que nada más ver a Boss comenzó a ladrarle. Iván entró a Boss dentro de la casa.
―Entra. Será mejor que entres.
Ana entró e Iván cerró la puerta tras de ella.

―Pasa. ¿Te apetece algo?
―¿Qué? No, no te preocupes. Solo venía para lo del paseo, además Boss está solo abajo.
―¿Boss? ―preguntó sin poder evitar la risa al percatarse que la ponía nerviosa.
―Titán, quería decir Titán.
―Entonces…no eres la novia de Andrés. ―dijo sin apartarle la vista de encima.
―¿La novia de Andrés? Noooo… ¿Por qué pensabas que era su novia?
―Pues, porque vas a pasar todo el fin de semana cuidando de Titán en su casa. ¿Qué mujer lo haría si no? Dudo que haya contratado una canguro canina si es que existen.
―¿La hermana? ¿Tal vez la hermana a la que siempre está pidiendo favores?
Iván vio todas las puertas abiertas. ¿Cómo no se le había ocurrido esa posibilidad? Más de una vez Andrés le había hablado de su hermana pero nunca la había visto. ¿Aquella era la hermana que quería presentarle? Andrés te voy a deber una de las grandes, se dijo así mismo.

―¿Ya has cenado?
―No.
―¿Cenas conmigo?
―¿Qué?
―Si cenas conmigo.
―¿Hoy?
―¿No cenas los viernes? ―bromeó Iván.
Ana reacciona. ¿Qué te está pasando? Va a creer que eres tontita, se dijo así misma mientras notaba la lengua de Boss lamiéndole la mano. Ana, ¿vas a poder quedarte aquí sin abalanzarte sobre de él? ¿Qué demonios me está pasando?

―Entonces, ¿cenamos?
―Eh, mejor otro día. Hoy…hoy estoy cansada. Sería una mala compañía, estoy segura que me dormiría sobre el plato de comida.
―Mañana entonces.
―Mañana.
Ana abrió la puerta y se despidió de Boss e Iván, bajaba las escaleras cuando escuchó su nombre y el corazón le dio una sacudida.

―Dime.
―Mañana a las nueve.
―¿La cena?
―No, mañana a las nueve saldré con Boss.
―Vale, a las nueve.
―Te recojo en la puerta.
―Vale. Buenas noches.
―Buenas noches.
Titán la esperaba al otro lado de la puerta. Ana entró y se dejó caer a su lado mientras Titán le chupaba la cara. ¿Qué demonios te está pasando Ana? ¿Por qué tienes el corazón acelerado por un tío al que acabas de conocer? No sabes nada de él. ¿Cómo puedes haber perdido todos los papeles con su simple mirada? ¿Su simple mirada? ¡Qué mirada! Anita y no debe de tener novia porque te ha invitado a cenar. Ja, igual es un mujeriego que va con unas y con otras, rompiendo corazones a diestro y siniestro.
―¿Tú qué opinas Titán?
Ana se miró al espejo por enésima vez. Se soltó el pelo y volvió a recogérselo en una coleta, tal y como lo tenía. Titán permanecía atento a todos los movimientos de Ana, que no hacía más que dar vueltas y vueltas frente al espejo.
―Ana, por dios, relájate, pareces una adolescente. Solo vais a ir a pasear a los perros. Nunca pensé yo que se pudiera ligar con un perro.―dijo entre risas mirando a Titán a través del espejo.
El corazón le dio un vuelco al escuchar que llamaban a la puerta. Titán dejó su posición ante la puerta del baño para salir disparado a la puerta. Ana tomó aire, apagó la luz del baño tras volverse a mirar en el espejo y salió a abrir. Nada más abrir la puerta Boss y Titán comenzaron a girar uno alrededor del otro. Ana se quedó perdida en la mirada de Iván.

―Buenos días, ¿preparada?
―Sí―respondió cogiendo las llaves, la correa y las bolsas para Titán.
Titán se sentó al escuchar el ruido de la correa. Realmente, su hermano  estaba haciendo maravillas con aquel perro. Los cuatro entraron en silencio en el ascensor. Ninguno dijo nada. Ana no sabía qué decir. Iván no sabía qué decir. Boss y Titán parecían estar observándolos sin entender nada.
El silencio se apoderó de ellos durante un buen rato. Los cuatro paseaban callados rumbo al río. De vez en cuando Ana miraba de reojo a Iván y este hacía lo mismo.

―Esto es absurdo―de pronto dijo Iván una vez en el parque.
―¿El qué?
―Este silencio. No sé qué me pasa pero me tienes abrumado.
―¿Qué?
―Lo que estás oyendo.
―Vaya.
―¿Solo vas a decir “vaya”? ―preguntó mientras le soltaba la correa a Boss y Ana hacía lo mismo con la de Titán. ―Ayer cuando te conocí odié a Andrés por tenerte como novia. No te rías hablo en serio. Ya, ya sé que soy patético.
Ana no podía aguantar la risa, contagiando a Iván que no podía apartar su mirada de ella mientras paseaban relajados a breve distancia de Titán y Boss.
Titán y Boss se acercaron corriendo a ellos, no querían perderse aquellas risas. Boss se pusó de pie sobre sus patas traseras sobre Ana para chuparle la cara. Ana no podía parar de reír porque acto seguido tenía a Titán emulando a su colega y empujándolo, dándole a entender que ella era de su propiedad.
―Venga, pesados, vayan a jugar.―dijo Iván a ambos perros que salieron corriendo nuevamente.
―Hasta los perros se pelean por ti.
―No digas tonterías. ―sonrió Ana.
―No vuelvas a hacer eso, por favor.
―¿El qué?
―Mirarme así.
―¿Cómo?
―Como lo estás haciendo―comentó acercándose a ella un poco más. ―. Recuerdas que tenemos una cena esta noche.
―Lo recuerdo―contestó Ana notando que cada vez lo tenía más y más cerca. El corazón estaba a punto de salírsele desbocado, las pulsaciones parecían estar haciendo una carrera contra reloj. ―. ¡Titán! ―gritó empujando a Iván, cuyos labios casi rozaban los suyos. ―¡No, Titán! ¡Ni se te ocurra! ―volvió a gritar.
Titán la miró desde la fuente y tras pensárselo un momento, la desobedeció entrando en ella y sacando una pelota de tenis.
―Lo siento, ha sido culpa mía.―dijo Pedro que acababa de llegar con Pongo.
Titán se acercaba trotando hacia ellos con su trofeo en la boca, mientras se sacudía el agua mojándolos al llegar junto a ellos.
―Me has desobedecido―le dijo Ana al tiempo que el perro se sentaba sobre sus patas traseras y parecía firmar una tregua dándole la patita. ―. Hala, corre un rato para que te termines de secar.
―¡Qué puntería tienes, Pedro! ―dijo con doble sentido Iván.
―Lo siento, venía tirándole la pelota a Pongo, cuando vio a estos me empujó  la pelota salió disparada a la fuente
Pedro miró a Iván y Ana, no sabía qué pasaba pero tenía claro que acaba de interrumpir algo entre aquellos dos. Iván observaba a Ana de reojo mientras le hacía un gesto a Pedro, quien intuyó que su llegada no había sido en el momento más adecuado.
―Bueno, nos vemos esta noche. ―comentó Iván tras llegar al octavo.
―Sí, luego nos vemos.
―Te recojo a las nueve. ¿Te viene bien?
―Sí, perfecto.
―Bueno, yo antes bajaré con este si quieres aprovechar y pasear a Titán.
―Eh, no lo sé. He de pasar por mi casa y luego aprovecharé para salir a correr.
―Bueno, entonces a las nueve.
―A las nueve―dijo abriendo la puerta del piso de su hermano.
Ana cerró la puerta mientras veía cerrarse las del ascensor. Soltó la correa de Titán mientras pensaba lo poco oportuna que había sido la llegada de Pedro. ¿Por qué me siento así? Apenas lo conoces, Anita, seguro que debe tener algún fallo. No es normal que esté libre y sin ataduras. No, nada normal…, pensaba risueña al tiempo que sonaba su móvil.
―Hola, Félix.  No, ya puedes aburrirte de llamar al timbre que no estoy en casa. No, mi hermano que como siempre me mete en sus líos. Estoy en su casa cuidando de Titán. ¿Esta noche? No, no puedo  tengo  plan. ¡Y qué plan!
Media hora estuvo al teléfono Ana hablando con Félix. Media hora de reloj estuvo contándole su aventura del día anterior, de cómo había conocido a Iván, de cómo era, que él pensaba que ella era la novia de Andrés.
―Nena, ¿a dónde vais a ir? No lo sabes. ¿Qué vas a ponerte? Bueno, ya me contarás mañana cómo ha ido la noche. ¿Ya le has dicho a Titán que esta noche duerme solo? Sí, sí, tú ríete pero como si lo estuviera viendo. No, te llamaba para vernos así que me quedaré en casa. Hala, ya me cuentas mañana.
Ana salió a correr antes de lo acostumbrado. No podía dejar a Titán sin su paseo y ella debía ir a su casa para vestirse o como mínimo ir a por algo de ropa. No había contado con salir aquel fin de semana y, aparte de las mallas que usaba para correr, camisetas, ropa interior y, la ropa para ir el lunes a trabajar no había cogido nada más.
Pasaban de las siete cuando salía del portal de su hermano rumbo a su casa. Tenía dos horas para darse una buena ducha, arreglarse el pelo, elegir qué ponerse y volver… Iván la vio alejarse calle abajo mientras llegaba de vuelta con Boss. Boss aceleró su paso al ver a Ana.
―Veo que te ha gustado, campeón. Me alegro que sea así. Tienes buen gusto, Boss. ―dijo entre risas acariciándole la cabeza mientras abría la puerta de la calle.
Iván escuchaba su móvil sonar mientras abría la puerta de su casa. Ni recordaba haber dejado el móvil en casa. Soltó las llaves y la correa en la estantería mientras seguía el sonido del móvil hasta la terraza, lo había dejado en la mesa.

―¡Mierda! ―dijo al leer el nombre de Sergio en la pantalla.
―Tío, ¡por fin! Llevo media hora llamándote. Ya, ya intuyo que no tenías el móvil. Te llamaba para ver qué llevaba ,pero Vicente y Gustavo me han llamado, me han dicho que ellos han comprado cervezas y cosas de picar, deben estar a punto de llegar a tu casa… que te habías olvidado. Tío, ¡qué es el Madrid-Valencia!  ¿Qué? No me digas que nos vas a dejar colgados.
―No, claro que no, anularé la cena y ya. Esto estaba planeado desde hace semanas, puedo cambiar la cena para mañana… nada voy a ver cómo lo hago y no quedar como un auténtico capullo.
…a dos calles de allí…
Las cuatro puertas del ropero estaban abiertas de par en par. Ana descolgaba y colgaba perchas. Nada le convencía. No quería parecer que se había arreglado especialmente para la cena, pero tampoco quería con cualquier cosa. Vestidos, faldas, blusas, pantalones…salían y entraban del ropero sin apenas haber estado fuera de él.
―Este―dijo al sacar el vestido lencero negro que solo se había puesto una vez.
Metió la cabeza por el hueco entre la percha y el vestido. Sí, aquel era el elegido. Ahora le tocaba elegir un par de zapatos…
―Anita…para no querer parecer que te habías arreglado para esta salida lo disimulas fatal.―rio viéndose en el espejo mientras terminaba de maquillarse.
Mientras Ana terminaba de maquillarse, Iván estaba desesperado bajando y subiendo cada dos por tres del noveno al octavo infructuosamente, Ana seguía en su casa. Cerca de las nueve volvió a bajar y a tocar el timbre para desesperación de Titán, que se ponía ansioso cada vez que lo olía al otro  lado de la puerta.

―Hola―dijo Ana que acababa de salir del ascensor y pensaba que se había arreglado demasiado al ver a Iván. ―, estaba en casa.
―Ya, lo imagine.
Iván no podía dejar de mirarla. Estaba diferente, más guapa aún si eso era posible, se había soltado la melena y maquillado. No le hacía falta maquillaje para estar guapa, pero ahora estaba increíble. No sabía que llevaba bajo aquel abrigo pero intuía que casi era mejor no saberlo. Iván, estás haciendo el capullo. Deja a tus amigos en tu casa viendo el fútbol y ve con ella, pensaba sin poder apartar la vista de ella.

―Estás…estás muy guapa. Bueno, ya lo eras …
―Gracias―lo interrumpió Ana intuyendo que sucedía algo.
―Venía a decirte que me ha surgido un problema, llevo toda la tarde intentando localizarte pero ha sido misión imposible.
Ana puso la mejor de sus sonrisas y dijo:

―No te preocupes, casi mejor…
―¿Qué? ¡Vaya, esto sí que no me lo esperaba! No pensé que te alegrarás que anulara nuestra cita. Patada en todo mi ego. Sí, señor.
―No, no es eso. No me acordaba que era el cumpleaños de un amigo.
―Ah―contestó Iván sin poder evitar su decepción porque había pensado en pedirle que viera el fútbol con ellos―, casi mejor, así no quedo como un auténtico capullo dejándote por ver el fútbol con mis amigos.
―Eh, no…no―dijo mientras pensaba lo estúpida que había sido arreglándose para aquel chico. ―. Bueno, que te diviertas. Voy a entrar a comprobar que Titán está bien antes de que Félix venga a por mí.
Iván subió los escalones de dos en dos siendo del todo consciente que aquella era la mayor estupidez, que había hecho hasta el momento.
Ana acarició la cabeza de Titán, estaba desesperado de escuchar tantas veces el sonido del timbre.
―Titán, he sido una imbécil. ¿Te puedes creer que el muy cretino del dueño de tu colega prefiera ver un partido de fútbol que cenar conmigo? ¡Hombres! ¡No hay quien los entienda! ¡Ni a tu dueño! Sí, sí… no me mires así que estoy segura que tú has visto a mi querido hermano hacérselas pasar canutas a más de una, ¡ni que no lo conociera!
Titán la miraba absorto, como si pudiera entender el discurso que Ana le estaba dando.
―Ahora te digo, en casa no me quedo. No, ¡ni de broma!―dijo marcando el número de Félix en el móvil―Félix, ¿sigue estando en pie lo de esta noche o ya tienes planes? No, ni me preguntes. Luego te cuento. Ok, en casa de Andrés. Ok. Media hora y bajo.

―¿Te lo puedes creer? ¡Me ha dado plantón por sus amigos y un partido de fútbol! De verdad, ¿qué tienen los tíos en la cabeza? ¿Me lo puedes explicar tú?
―¿Yo? ¿Y por qué he de explicártelo yo? ―preguntó entre risas Félix haciéndole gestos al camarero para que les trajera la cuenta.
―Porque tú eres uno de ellos.
―Nena, me temo que yo no cuento. ―rio Félix.
―Algo entenderás, digo yo.
―Sí, lo mismo que tú. Bueno, ¿a dónde quieres ir ahora? Porque doy por hecho que aún no quieres ir a casa.
―No, ¡ni de broma!
―¿Vamos al St Patrick’s? No nos queda lejos de aquí.
―Vale, me parece perfecto.
Una vez en la puerta del restaurante Ana se colgó del brazo de su amigo. La noche estaba fresca y una tímida lluvia comenzaba a hacer acto de presencia. Aceleraron su paso hasta llegar al pub irlandés, la lluvia no era fuerte pero comenzaba a ser constante.
Entraron corriendo en el pub, llegando antes de que una sonora y contundente tromba de agua hiciera acto de presencia. El pub estaba lleno pero consiguieron una mesa vacía en la que sentarse.
Una hora más tarde Ana seguía hablando de Iván, no había hecho otra cosa en toda la noche. No podía borrarlo de su mente, ni a él ni el pertinente cabreo por el plantón que le había dado.

―Félix, la próxima vez que me vuelvas a ver hacer tonterías por un tío tienes permiso para darme un tirón de orejas.
―Ja ja ja, cariño, sabes que no te lo voy a dar. ¿Cuándo no has hecho tonterías por un tío? Ja ja ja, tú o yo.
―Hablo en serio, creo que voy a pasar del género masculino. A no ser que tú decidas hacerle caso a mis suplicas y pasar de los hombres porque te hayas enamorado de mí. ―bromeó Ana antes de darle un sorbo a su copa haciendo estallar en carcajadas a su amigo.
―No te preocupes―dijo sin poder parar de reír―si en algún momento decido cambiar de gustos, tú serás la elegida. ―dijo besando a su amiga. ―. Y se acabó de hablar del Iván este que me temo que te ha calado hondo.
En la mesa de al lado un móvil comenzó a sonar al ritmo del Get Lucky, Félix le hizo un guiño a Ana y comenzó a moverse al ritmo de la música arrancando una sonrisa en el rostro de su amiga.

―Imposible.
―¿Qué es imposible? ―preguntó Ana dándole otro trago a su copa.
―Cada vez que escucho esta canción me viene a la mente la imagen de Hugh Jackman bailando en el Hormiguero. ¡La leche! ¡Joder!
―¿Qué pasa?
―El tío que acaba de entrar. Gírate y vuelve a repetirme eso de que te retiras del mercado.
―¿Qué? ―preguntó entre risas Ana girándose en su asiento. ―¡Joder!
―¿Qué? ¿Qué me dices ahora?
―¡Qué disimules!
―¿Qué disimule? ¿Por qué?
―Porque es él.
―¿Él? ¿Quién es él? ―preguntó Félix al tiempo que intuía quién era ese él. ―¡No! ¿Me estás diciendo que este es el del pastor alemán? ¿El vecino de tu hermano? ¿Ese es el tío del que llevas hablando toda la santa noche?

Ana asintió con un movimiento de cabeza.

―¡Joder, nena! ¡Joder! ¡Ahora entiendo tu modelito! ¡Ahora entiendo  porque estás tan pillada!
―¡Yo no estoy pillada! ―se quejó Ana.
―¡No, qué va! ¡Tonterías mías! ―se burló Félix.
Ana no se lo podía creer al ver que Iván y los que parecían ser sus amigos se acercaban hacia ellos. Iván no se había dado cuenta que ella estaba allí, ella no sabía si meterse bajo la mesa.

―Ana, ¿qué haces? ―preguntó entre risas Félix al ver a su amiga desvariar. ―Anita, no puedes negarlo, este tío te gusta. ¡Estás de los nervios!
―¿No hay bares en Valencia? ―preguntó dándole un nuevo trago a su copa. ―Creo que voy a necesitar otra. ¿A dónde vas?
―Al baño, ¿puedo?
―¿Me vas a dejar sola justo ahora?
―Eso o me meo aquí mismo, tú dirás. ―dijo entre risas levantándose de la mesa.
―No tardes, por favor.
Iván se sentó justo en la mesa donde hacía un momento sonaba el Get Lucky. Nada más sentarse la vio. Sus miradas se cruzaron y durante unos largos segundos las mantuvieron. Iván sonrió. Ella también, estaba perdida y lo sabía. Iván se levantó y acercó junto a ella. Ana notó que el corazón se le aceleraba.

―Hola.
―Hola.
―Ya es casualidad que hayamos acabado en el mismo bar. ―dijo Iván sentándose a su lado. ―. ¿Estás sola?
―No, Félix ha ido al baño.
―Ah, estás muy guapa.
―Gracias. ¿Qué tal el partido?
―Mal. Hemos perdido.
―Ah, ¿pero jugabais vosotros? Pensaba que ibais a verlo por la tele.
―No, no jugábamos nosotros―Iván no pudo disimular una sonrisa. ―.Me refería al Valencia.
―Ah, perdona, pero es que el fútbol no es lo mío.
―Sabes que hueles muy bien. ―comentó Iván que se había acercado un poco más a ella.
―Gracias. ―contestó mientras pensaba dónde estaba su amigo.
―Siento haberte dejado por el fútbol, pero había olvidado por completo que el partido era hoy y que tenía cena en casa. Tú hiciste que lo olvidara.
Definitivamente, el corazón iba a salirle desbocado porque cada vez estaba más cerca de ella. Ana vio llegar a Félix justo cuando Iván se acercaba peligrosamente.
―En realidad no me has dejado por el fútbol, yo también había quedado. Félix, este es Iván, es vecino de mi hermano.
Iván se levantó a saludar a Félix.

―Felicidades.
―Gracias―contestó Félix sin estar muy seguro del motivo de aquella felicitación, pero imaginando que era cosa de Ana.
―Bueno, me vuelvo con mis amigos.
―Hasta luego―solo acertó a decir Ana. ―.Siéntate a mi lado ―cuchicheó Ana.
―Aquí me tienes, ¿qué estás planeando Anita? ―le preguntó al oído―Me das miedo, pobre chico.
―¿De lado de quién estás?
―Tuyo, tuyo siempre. No se me ocurriría tenerte como enemiga― bromeó Félix. ― , pero dime : ¿qué tramas?
―Pienso darle celos.
―Eres mala, muy mala.―le susurró al oído mientras le pasaba un brazo por los hombros. ―. La cara le está cambiando, creo que la cerveza le está sentando como una patada en el estómago. No mires ahora, tienes a todos sus amigos pendientes de nosotros.
―Genial, me alegro. Bésame.
―¿Qué?
―No preguntes y hazlo.
―Sabes que eres malvada―le susurró Félix mientras tomaba su cara entre sus manos y la besaba apasionadamente.
Iván escupió la cerveza. No podía creer lo que estaba viendo. Allí frente a sus ojos Ana y su amigo se besaban como si la vida se les fuera en aquel beso.

―Ja, poco ibas a hacer tú con esta chica.―dijo Sergio.
―No, no me digas nada. Soy gilipollas y yo pensando que me había lanzado señales.
―Pero, ¿Andrés no estaba intentando liarte con la hermana? ―preguntó Sergio que sabía que aquello le estaba doliendo a su amigo. ―Hala, olvídate, más vale que haya sido así y no salieras.
Ana no estaba muy segura de lo que estaba haciendo pero ahora no había marcha atrás. Ana vio a Iván marcharse, dándose cuenta que no tenía que haber besado a Félix. Aquel chico le gustaba e igual acababa de perder cualquier opción con él.
―¿Y ahora qué? 
―Vámonos. Esto ya no tiene sentido.
Ana y Félix salieron del St Patrick’s bajo la atenta mirada de los amigos de Iván que no les quitaban los ojos de encima, especialmente a Ana.
―Buenas noches.
Ana dio un salto. No esperaba escuchar la voz de Iván. No lo había visto apoyado en la pared fumando un cigarrillo.
―Buenas noches―contestó Ana notando que su corazón se le aceleraba.
Ana se enganchó del brazo de su amigo y lentamente se alejaron de Iván, quien no podía apartar los ojos de aquella pareja. Iván, ¡eres imbécil!, pensaba mientras apagaba el cigarro antes de volver  a entrar.

Ana abrió los ojos encontrándose con la mirada de Titán que la observaba desde hacía un rato. La habitación estaba oscura, ni un tímido rayo de sol se colaba por las medio abiertas persianas. Fuera llovía.
―Buenos días, Titán. Mal día para pasear. No te preocupes que no te dejo sin paseo.
Ana sacó su brazo derecho de debajo del nórdico para buscar su móvil sobre la mesita de noche. Las nueve. A esta hora ayer me recogía en la puerta, pensaba mientras se acurrucaba en la cama. Igual me he enfadado exageradamente y, no debí hacerle creer que Félix y yo estábamos liados. No, que sufra un poco. Me niego a volver a estar después del fútbol. No, me niego a eso.
Titán dejó caer su cabeza sobre la cama. Ana se quedó mirándolo sin poder evitar una sonrisa. Adoraba a aquel perro, nunca se le hubiese pasado por la mente que un dóberman fuera tan cariñoso y juguetón. Ana acarició la cabeza del canino que le dedicaba la mejor de sus miradas.
―Hala, ya está lo has conseguido Titán. Ya me levanto, me visto y salimos pero me temo que hoy no vas a poder tener paseo largo. Al menos no esta mañana.
Media hora más tarde Ana y Titán salían de casa. Fuera seguía lloviendo aunque volvía a ser una lluvia serena. Al llegar a la esquina Titán comenzó a tirar de Ana.
―Para. No corras. Titán, ¡para!―dijo tropezándose de bruces al girar con Iván y entendiendo todo. ―. Hola.
―Hola―contestó secamente.
―Bueno, nosotros seguimos antes de que vuelva a empezar a llover más fuerza.
―Nosotros ya volvemos.
Frío encuentro como la mañana. Ana cruzó la calle no sin antes mirar para atrás, encontrándose con la mirada de Iván.  Ninguno hizo nada. Ninguno dijo nada. Cada uno siguió su camino.
Largo se le había hecho el día. Largo, denso, triste, un típico domingo de invierno. No había podido concentrarse ni en la lectura, ni siquiera viendo una película. Nada. Domingo para olvidar y todo porque no lograba quitársela de la cabeza. Aquella chica le gustaba. Nunca se había sentido atraído por nadie de esa manera. No lo entendía, casi no la conocía. Apenas habían pasado un par de horas juntos, pero no podía borrarla de su mente.
Andrés, ya me explicarás para qué querías que conociera a tu hermana si ella está liada con el Félix ese, pensaba apoyado en la terraza fumándose el último cigarro de aquella cajetilla.
El olor del tabaco llegaba hasta ella y se estremeció porque sabía que venía justo del piso de arriba. Estaba segura que era Iván el que fumaba, a su mente vino la imagen de la noche anterior junto a la puerta del St Patrick’s. Eres condenadamente atractivo pero lo peor es que no es tu físico lo que me atrae, se decía así misma.
―Titán, en unas horas tienes aquí a tu dueño. Yo me tengo que ir a trabajar. ―Ana acariciaba la cabeza del obediente perro.―. Ha sido un placer pasar el fin de semana contigo, que lo sepas. Eres más encantador que tu dueño. Hala, guapo, sé bueno.
Ana le dejó un beso en la cabeza, Titán se lo devolvió a su manera: un buen lametazo en la cara. Ana abrió la puerta y tras volver a mirar a Titán cerró la puerta. Sus alumnos la esperaban.

―Pensaba que me llamarías ayer. ¿Has hablado con tu enamorado? ―quiso saber Félix mientras se tomaban un café en la sala de profesores.
―¿Qué? ¡No es mi enamorado! Y no, no he hablado con él. ¿Para qué?
―Ana, a ese chico le gustas. ¿Acaso lo dudas? Y sí, te dejó plantada pero no por el fútbol, sino porque había quedado con sus amigos.
―¿Estás de su parte?
―Anita, sabes que siempre estoy de tu lado, pero reconoce que tengo razón. ―comentó Félix―. Bien, no lo vas a reconocer con palabras pero tu mirada lo dice todo.
―¿De verdad crees que le gusto?
―¡Sin lugar a dudas! ¡Hasta a mí me gustas tras ese beso!
―Mira que eres tonto―rio Ana. ―. Te dejo que tengo un examen ahora con los de Bachillerato.
―Puaff, examen de matemáticas.
―Eh, tan bonitas que son.
―Sí, bueno. La semana pasada estuve en Madrid y pasé por el Reina Sofía y tenían un par de exámenes de matemáticas colgados junto al Guernica. Todo el mundo los contemplaba extasiados por su belleza.
―Félix eres único―dijo dándole un beso a su amigo antes de marcharse a clase.


Aquello era lo mejor del día. Sí, sin duda alguna el paseo con Boss era la parte del día que más le gustaba. Pasear con Boss le relajaba tras haber estado todo el día trabajando y, más un lunes como ese, en el que no había logrado quitarse la imagen de Ana de la cabeza.
Iván se apoyó en un árbol mientras Boss corría de un lado a otro detrás de la pelota. Boss dejó caer la pelota y salió corriendo, Iván enseguida lo llamó hasta que vio que Titán se acercaba. El corazón se le paró por unos momentos por la posibilidad que Ana estuviera con él. No, no era Ana sino Andrés que ya estaba de vuelta y se acercaba a él.
―Muy buenas. ¿Qué tal ese viaje?
―Bien, cansado pero todo ha ido bien. ¿Y tú qué tal?
―Aquí.
―¿Qué pasa?
―Nada, ¿qué va a pasar?
―No sé, tu cara no dice que no pase nada. ¿Ha ocurrido algo?
―Sí, he conocido a tu hermana.
―¿A Ana? Vaya pregunta tonta la mía, no tengo más hermanas y ella ha estado cuidando de Titán, así que es fácil que os hayáis conocido.
―Sí, a Ana.
―¿Y? ¿A qué es encantadora?
―Sí y muy guapa.
―Sí, lo sé. Nos viene de familia―bromeó Andrés. ―. ¿Qué ha pasado?
―Puedo preguntarte ¿para qué demonios quería que la conociera?
―¿Por? ―preguntó Andrés sin entender nada.
―¿Por? Pues, porque…porque…
―Te has pillado de mi hermana, ja.
―Sí, eso es lo malo.
―¿Por qué?
―Porque ella está con saliendo con alguien.
―¿Ana? ¿Mi hermana está con un tío?
―Sí, ¿qué es lo raro?
―Que no me haya dicho nada. ¿Cómo lo sabes?
―Pues, porque quedamos en ir a cenar. A mí me había parecido que me lanzaba señales de que la atracción era mutua y la invité a cenar.
―Bien, ¿y?
―Y no recordaba que el sábado era el Real Madrid- Valencia.
―Cierto, habíamos quedado en tu casa.
―Sí, y tuve que anular la cena.
―¿Anulaste la cena con mi hermana?
―Sí, no podía hacer otra cosa. Me había despistado del todo, no recordaba que todos venían a mi casa, ¡si hasta tú ibas a venir en principio!
―¿Dejaste a mi hermana por el fútbol?
―No, no te equivoques. Por el fútbol no porque había quedado con estos desde hacía un par de semanas.
―Ya, eso es algo que tú y yo sabemos. Para ella la has dejado por el fútbol.
Un beep…beep sonó en el móvil de Andrés.
¿Ya estás de vuelta o sigues por Londres? ¿Hace falta que vaya a por Titán? Besitos.
Ya en casa. ¿Qué tal el finde? ¿Cómo se ha portado Titán? Besos.
―Mira, hablando del rey de Roma, justo es mi hermana la de los mensajes.
Titán un amor. He conocido a Boss es guapísimo.
Andrés no pudo evitar las risas.
¿Boss o el dueño?
¡Muy gracioso! Te dejo que voy a salir a correr.
Estoy en el río con Titán, igual nos vemos.
Ok.
Hermanita, ¿estás saliendo con alguien?
¿Yo?  No, sabes que no. ¿Por qué? ¿Con quién me quieres liar esta vez? Estoy muy bien como estoy. Hala, te dejo.
Iván no apartaba la vista de Andrés, estaba intrigado con los mensajes. ¿Qué le estaría diciendo Ana que Andrés no paraba de reírse?

―Bueno, entonces mi hermana está con alguien. Curioso porque según ella no quiere líos.
―Pues, para no querer líos…bien que se morreaba con su no novio.
―¿Mi hermana? ¿Me estás diciendo que viste a mi hermana Ana morreándose con un tipo? ¿Estás segura que era ella? ¿No sería alguien que se le parecía?
―No, era ella. Estábamos sentados muy cerca en el St Patrick’s, ya ves la distancia que hay entre las mesas como para confundirme. Y además, unos minutos antes, ella misma me había presentado a Felipe.
―¿Felipe?
―No, Felipe no. Félix, eso es Félix.
Andrés no pudo evitar una sonora carcajada ante los atónitos ojos de Iván que cada vez entendía menos.
―¿Te resulta gracioso?
―Iván, mi hermana te ha pillado con el carrito del helado.
―¿Qué?
―Tío, Félix no es ningún lío de mi hermana. Son amigos de toda la vida, desde que estaban en el colegio, pero Félix y mi hermana no son pareja, ni lo han sido ni lo serán.
―Pues, lo disimulan muy bien.
―Iván, mi hermana debe estar muy cabreada contigo por lo de la cena y por eso lo del beso pero ese beso…
―¿Qué?
―Iván, igual tú eres más el tipo de Félix.
―¿Qué?
―Eso, que a Félix no le gustan las mujeres.
―¿Qué? ¿Me estás diciendo que…
―Mi hermana te ha tomado el pelo. Seguro que se había pasado toda la tarde eligiendo trapitos, como si la estuviera viendo y tú la dejaste plantada.
―Entonces, ¿se había arreglado así para mí? Soy gilipollas. Sabes que le iba a decir que cenara con nosotros y que luego salíamos los dos, pero ella me dijo que en realidad se le había olvidado el cumpleaños de Félix, y que venía a avisarme.
Titán y Boss se alejaron de ellos corriendo. Andrés enseguida intuyó el motivo, imaginaba que su hermana debía estar cerca de allí. Exacto, desde allí la veían acariciando a los dos perros que habían salido a su encuentro.

―¿Tú sabías que venía?
―Sí, anda aprovecha para fumar la pipa de la paz.―dijo entre risas caminando al encuentro de su hermana mientras Iván se quedaba apostado en el mismo árbol.
Ana recibió a su hermano con la mejor de sus sonrisas mientras observaba disimuladamente a Iván.

―¿Qué tal por Londres?
―Bien, intenso. No tardaré mucho en tener que volver y, pedirte nuevamente que te quedes con Titán.
―Bueno, mientras me avises con tiempo. No como esta vez.
―Lo siento, la reunión salió de improviso.
―¿Mis Manolos? ―bromeó Ana sin dejar de mirar de vez en cuando a Iván.
―La próxima vez. ¿Qué?
―¿Qué de qué? ―preguntó acariciando a Boss, que se había vuelto a acercar a ella.
―¿Qué miras? ―preguntó con una sonrisa socarrona Andrés.
―Nada, ¿por?
―No, por nada. Anita, Anita…
―¿Qué pasa?
―Nada, solo que no sabía que mi hermana era tan malévola.
―¿Por qué lo dices?
―¿Félix ha cambiado de gustos?
―¿Qué? ¿A qué viene eso? ―preguntó nerviosa Ana―Tonta yo por preguntar, ya te habrá contado tu amigo.
―Ana, no seas mala. No te dejó por el fútbol, entiende que había quedado con los colegas, hasta yo iba a ver el partido el sábado en su casa. ¿Sabes que te iba a decir que cenaras con ellos y luego salir los dos? Pero, doña orgullosa le dijo que había quedado con un amigo. No, no me mires así. Sabes que es verdad lo que te digo. Ana, Iván no es como Jose. Te juro que es un buen tío. Anda, ve a hablar con él. Sé que te mueres de ganas de hacerlo.
―Esto es una encerrona.
―No, no lo había previsto. Yo acabo de enterarme de lo sucedido. ―dijo dándole un par de besos a su hermana. ―. ¡Titán! ¡Vamos! ―gritó poniéndose en marcha al tiempo que le hacía un gesto con la mano a Iván, que seguía en el mismo sitio viendo a Ana acercarse.
Ana respiró profundamente mientras caminaba hacia Iván. No sabía qué le iba a decir. No esperaba volver a encontrarse con él, al menos no tan pronto. Boss se acercó corriendo a ella y Ana volvió a acariciarle la cabeza.

―Le has gustado―comentó Iván cuando ambos estaban junto a él.
―Es un sentimiento mutuo. Es muy guapo.
―Él piensa lo mismo.
―¿Te lo ha dicho? ―bromeó Ana.
―Sí, claro, en una de nuestras múltiples e interesantes charlas.
―¿Y qué más te ha dicho?
―Que le gustas mucho…
―Vaya―lo interrumpió Ana con una sonrisa en los labios.
―Y que igual ha sido un poco imbécil…
―¿Y eso por qué? ¿Por qué piensas eso, Boss?
―Por olvidar que había quedado con sus colegas y no entender que te habías arreglado para él.
―Ya. ¿Y todo eso te lo ha dicho Boss?
―Sí.
―Curioso porque no recuerdo haber quedado con él.
―Ana, lo siento…―dijo mirándola fijamente a los ojos.
―Yo también he de pedirte disculpas.
―¿Por? ―preguntó sin poder evitar la risa Iván.
―Andrés es un lengüino, imagino que ya te habrá dicho algo sobre Félix.
―¿Vas besando así a todos tus amigos? ―preguntó agarrándola de la mano para acercarla a él. ―¿Puedo formar parte de ese club?
―¿Del de amigos?―preguntó sintiendo un escalofrío al notar las manos de Iván en su cintura.
―¿Amigos?
Ana casi sentía el aliento de Iván junto a su cuello cuando sin saber cómo ni por  qué se vio en el suelo sobre de Iván, que no podía parar de reírse mientras Boss y Pongo los lamían sin parar.

―Chicos, perdón―escucharon Iván y Ana decir a un recién llegado Pedro, que acudía corriendo al verlos caer. ―. ¿Estáis bien?
―Sí, sí―contestaron ambos sin poder parar de reír mientras intentaban levantarse.
―Empiezo a creer que no es mi destino probar esos labios―le susurró Iván al oído haciéndola estremecerse. ―. Voy a cogerle manía a Pedrito.
Ana no pudo evitar reírse volviendo a tropezar y estar a punto de terminar nuevamente sobre la hierba.

―Cuidado, guapa―dijo Pedro ayudándola a no aterrizar en el suelo.
―Gracias, Pedro. Bueno, chicos os dejo que he de seguir corriendo― dijo Ana mirando fijamente a Iván a los ojos sin poder borrar la sonrisa de su cara. ―. Nos vemos.
―Adiós, Ana.―dijo Pedro.
―Nos vemos.―contestó Iván lamentando aquella nueva interrupción.
Ana se alejó de ellos siendo seguida durante un tramo por Boss y Pongo. Ana los acarició a ambos antes de ordenarles volver con Iván y Pedro.
―Boss, dale este beso a Iván―le dijo Ana a Boss tras dejarle un beso en su cabeza mientras Iván los veía a lo lejos. ―.Hala, vuelve con él. Prometo que nos veremos pronto.
Iván y Boss entraron en casa, uno detrás del otro. El ánimo de Iván había cambiado, pero tenía una espinita clavada por aquella nueva intromisión… aquella nueva interrupción. Las cosas entre Ana y él no podían quedarse así.
Entró en la cocina, le cambió el agua a Boss y comprobó que tenía pienso.
―Boss, me vas a perdonar pero yo hay algo que he de arreglar.
Boss le contestó con un ladrido, como si le estuviera dando la aprobación. Iván comprobó en el espejo del baño que estaba presentable, cogió las llaves de casa y bajó a casa de Andrés.

―¿Qué pasó? ¿Arreglado todo con mi hermana? ―preguntó con una irónica sonrisa mientras Titán se moría de ganas por salir al descansillo de la escalera.
―Sí y no. Llegó Pedro justo cuando…
―No quiero conocer tus intimidades con mi hermana―bromeó Andrés―. ¿Qué ocurre?
―Necesito verla y terminar de aclarar las cosas. ¿Me darías su dirección? Sabes que te puedes fiar de mí, no soy un psicópata asesino.
―Ja ja ja.
―No te rías, hablo en serio. Prometo no hacer nada que tú no harías.
―Calla, ¡es mi hermana! ―volvió a reír Andrés. ―Anda, sigue recto por la calle en dirección contraria al río, la segunda calle a la derecha. En el número quince, tercer piso. La puerta de la izquierda según subes.
―Gracias, Andrés, ya te contaré.
―No, no quiero saber nada―dijo soltando una carcajada. ―. Hala, que vaya bien.
Diez minutos más tarde Iván entraba en el portal de Ana. No había tenido que tocarle, un vecino salía justo cuando él se planteaba cuál de los timbres del portero automático era el de Ana. Tomó aire antes de subir las escaleras y subió a paso ligero.
Izquierda o derecha…izquierda, Andrés dijo izquierda, se decía así mismo Iván antes de tocar en la puerta. Al acercarse a la puerta escuchó la música que salía de casa de Ana, ¿Glenn Miller? Sí, creo que es Glenn Miller, dijo mientras tocaba el timbre.
Ana tardó en salir un par de minutos, la había pillado saliendo de la ducha.
―Voy―escucho decir desde el otro lado de la puerta al volver a tocar.
Ana se enrolló la toalla de baño alrededor del cuerpo y salió a ver quién era. No esperaba a nadie. Miró por la mirilla antes de abrir e instantáneamente una sonrisa se dibujó en su rostro al ver a Iván al otro lado de la puerta.

―Hola.
―Hola―respondió Iván.
―¿Qué? ¿Qué estás haciendo aquí?
―Creo que tenemos algo pendiente.
―¿Algo pendiente? ―preguntó una sonriente Ana.
―¿Puedo pasar o tienes a ese novio tuyo por ahí?
―¿A mi novio? Ja ja ja…pasa, pasa…―comentó haciéndole una reverencia con las manos para que pasase y, cerrando la puerta tras de él. ―Siéntate, ahora vuelvo. Voy a vestirme.
―Espera―dijo agarrándola por la mano. ―. Me da miedo que Pedro y su dálmata aparezcan en cualquier momento.
―¿Qué van a hacer Pedro y Pongo en mi casa? ―rio Ana.
―No lo sé, cualquier cosa. Siempre aparecen en el mejor de los momentos. ―comentó acercándola un poco más hacia él. ―. Uhm…que bien hueles.
―Gracias―contestó estremeciéndose al sentirlo tan cerca.
―Y ese novio tuyo no está por aquí hoy. ―le susurró al oído.
―¿Hablas de Félix?
―Sí, de Félix. ―comentó antes de besarle el cuello― ¿Sabe que abres la puerta llevando por ropa una toalla?
―No creo que le importe―respondió sintiendo como Iván seguía besándole el cuello. ―. Es más me diría: Anita, …

Ana comenzó a reír. No podía parar de hacerlo, contagiando a Iván con su risa.

―¿Puedo saber de qué nos reímos?
―Me acabo de acordar de la cara de Félix cuando te vio entrar el sábado en el St Patrick’s.
―Aja, así que le gusto a tu amigo―rio―, pues bien que aprovechó para meterte la lengua hasta la campanilla.―comentó abrazándola.
―Eso no es cierto. No seas exagerado.
―¿Exagerado? ¿Me estás llamando exagerado? No, no, no…exagerada fue usted y su comportamiento señorita.
―¿Yo?
―Sí, yo…quiero decir tú. ¿Vas a volver a usar esa táctica para darme celos? ¿Irás besándote por ahí …
―Cállate ya o terminará por aparecer Pongo por algún lado―dijo antes de besarlo.

Elva Marmed (Agosto, 2014)
Fin

Comentarios

  1. Me encantaa!! Esta genial, pero da penita que sea tan corta te deja con muchisimas ganas de más!

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    Respuestas
    1. Hola, me alegra saber que te ha gustado. En septiembre tendrás un nuevo relato. Siempre girarán en torno a un perro así que los personajes se entremezclarán en las diferentes historias.
      Un saludo

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  2. Hola yo también participo en red de blogs. Me quedo por aquí te invito al mío y cuando lea lo que escribes te comento¡¡ besos¡¡¡

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  3. gracias por escribir estas historias tan chulas :) estoy esperando el siguiente relato (:

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, me alegra saber que te gustan mis historias, en breve publicaré la siguiente historia, ya debería haber estado pero la publicación de Lola, mamá en apuros se ha quedado con todo mi tiempo.
      Saludos

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