jueves, 21 de agosto de 2014

El diario de Lucía. Capítulo 1.

Capítulo 1: Una pija en la ciudad.
Entrada 1.-
Me llamo Lucía. No nací un 13 de Diciembre. Mi madre no se llama Lucía. Mi abuela tampoco. No hay motivos familiares en la elección de mi nombre, aunque sea un nombre clásico de mujer. El nombre se lo debo a Serrat y a su Lucía. Sonaba en la radio cuando mis padres se conocieron. Y he ahí  el motivo de mi nombre. Serrat y una de sus canciones ha marcado toda mi vida. No sólo por recibir su nombre sino porque mientras otros niños se duermen con el canto de las nanas, a mí me dormían al ritmo de mi canción porque para mí….es mi canción….
Suena esta canción para ti Lucía, la más bella historia de amor que tuve y tendré, es una carta de amor que se lleva el viento….
¿Por qué este blog?
Siempre me ha gustado escribir. Me he pasado toda la vida entre folios y lápices, escribiendo cuentos e historias, que nunca nadie ha leído. Me da una vergüenza atroz enseñar mis escritos. Y esto va en contra de mis propios sueños. Ser escritora.
No sé si alguien va a leer lo que escribo en este blog y, en caso de hacerlo si lo va a encontrar interesante, pero me he decido a hacerlo para perder ese miedo que siento a enseñar mis escritos.
No es pura casualidad que me haya decidido precisamente hoy a comenzar a escribir. Justo hoy comienza mi nueva vida. Hoy es el primer día en mi nueva casa. ¡Por fin he podido volar del nido paterno!
Muy bien estaba allí. Pero ya necesitaba tener mi propio espacio. Mi propia casa. Tener esa libertad que todos necesitamos. En casa de nuestros padres seguimos siendo sus niños por muchos años que pasen.
No es que me haya alejado mucho de ellos pero, por lo menos, hay cuatro calles entre su casa y mi nuevo flamante apartamento. No es muy grande pero sí tiene un enorme armario en donde guardar mi ropa y zapatos, ¿cómo he podido acumular tanta ropa y nunca tener nada?
***
La luz empezaba a ser insuficiente. Mientras escribía el cielo se había oscurecido, ya estaban en septiembre y los días comenzaban a ser más cortos. Laura se levantó del sofá para encender la luz tropezando con una de las múltiples cajas que anidaban por el salón. Un portarretrato asomó por un lateral de la caja. Laura se quedó mirando la foto. La foto de una sonriente pareja, ella misma y un chico que la agarraba por la cintura delante de la torre de Pisa.
–¡Grrrrr, Peter Pan! –dijo volteando la foto.
***
No te preocupes. No pienso aburrirte con mi vida en este blog. Bueno, en realidad, aún no tengo clara la temática del mismo. Tendré que decidirme y centrarme. Hoy sólo quería comenzar y darme a conocer. ¿Cómo se da a conocer una en un blog? ¿Cómo llega un blog a ser leído? ¡No tengo ni idea de este mundillo de la blogosfera! Ni siquiera tengo claro el título y si hago bien dando mi nombre.
Eso sí, tengo claro que se ha convertido casi casi en el nuevo medio de información. Raro es quien no tenga un blog o no siga algunos. ¿Conseguiré engancharte?
***
–Sí, El Diario de una Pija, uhm, sí, sí. Definitivamente, ese va a ser el nombre –dijo en voz alta mientras lo escribía.
   Laura terminó de publicar su primer post y dejó  el portátil sobre el sofá, debía seguir guardando cosas. La casa aún estaba llena de cajas por todas partes y dudaba poder dejar todo en orden en el fin de semana.
    Imposible. Sería imposible dejar la casa ordenada en un único fin de semana. Por mucho empeño que pusiera era misión imposible. Se conformaba con poder acostarse en una habitación medio organizada. Y con eso tendría que conformarse.
***
Entrada 2.-
  Ya hace una semana que me he mudado. Una semana de mi nueva vida. Una semana que comencé a escribir este blog pero entre el trabajo y las cajas amontonadas por toda la casa no he tenido tiempo para mí. Ni para mí, ni para escribir. Claro, en realidad, es una redundancia porque no deja de ser tiempo para mí.

   Finalmente, he decidido hacerle honor al título del blog y convertirlo en una especie de diario. En el diario de una pija. Una pija que soy yo misma. A ver, no soy una pija de las de “o sea” pero sí que me encanta vestir bien, los zapatos, los bolsos, los complementos en general.  Y mi hermano mayor y, único hermano, siempre me ha llamado así. Para él no soy Lucía, soy “pijita”, ¿qué le vamos a hacer? Por lo menos, gracias a él he conocido a muchos chicos guapos, ja ja ja, a los cuales amenazaba si intentaban salir con su hermana pequeña, ja  ja ja, por 18 meses, pero pequeña al fin y al cabo.

  ¿Por qué he decidido darle este sentido al blog?

   He dado una vuelta por la blogosfera y he visto cientos de blogs maternales. Comprobando que hay mucha madre que escribe y comprobando por las anécdotas que cuentan que yo no estoy preparada aún para serlo. Noches sin dormir, compras única y exclusivamente para sus bebés, noches sin dormir, nada o casi nada de salidas con amigas, noches sin dormir. Uff, lo dicho, aún no estoy preparada. A mis recién flamantes 32 años no estoy preparada para ser madre.

   Cierto, tampoco tengo pareja, je je je, lo cual es importante a la hora de tener niños. Uhm…es un dato que ustedes no conocían, lo de que no tengo pareja pero ya le dedicaré un post al tema.

¿Qué hace una chica treintañera un sábado?


    Otras no sé. Obviamente, puedo hablar por mi propia experiencia y por la de mis amigas. Normalmente, los sábados paso la mañana con ellas. Dejan a sus adorados maridos y novios y nos damos un capricho a nosotras mismas. Salimos de compras. Vamos a la pelu, desayunar, gimnasio…o simplemente nos sentamos en una terraza y nos contamos nuestras odiseas semanales.


   Hoy, sin embargo, he tenido que cambiar mis planes. Si quiero ver la casa ordenada tendré que ponerme las pilas así que nada de cafés a media mañana, ni paseo por el centro comercial, ni cotilleos semanales. Hoy toca terminar de ordenar cajas, ordenar mi casa, ordenar mi vida….

   No es que mi vida sea caótica. Todo lo contrario. Me temo que soy demasiado previsible. Necesito tener una vida ordenada. Necesito tener todo bajo control. Saber qué voy a hacer en cada momento. La verdad es que la espontaneidad no es lo mío. No, no se equivoquen. No vayan a pensar que soy una “gris”, quiero decir una persona aburrida, lo que quiero decir es que necesito controlar un poco mi vida y para ello necesito tener este apartamento ordenado.

 Entre otras cosas porque necesito encontrar la plancha, je je je, precisamente, esta noche tengo una salida de esas que no son planeadas, de esas que surgen así porque sí cuando menos te lo esperas. De esas que hace que te pongas nerviosa sin saber el motivo aunque en el fondo conoces el motivo, el cual no es otro que esas mariposillas instaladas en tu estómago cuando conoces a un alguien especial…


***

Laura dejó el portátil sobre la pequeña mesa de despacho que tenía junto al ventanal de su dormitorio. Miró a su alrededor. Su habitación empezaba a parecer verdaderamente su habitación. No había ni una sola caja por medio, sin tener en cuenta las apiladas cajas de zapatos que no cabían en el amplio armario empotrado de cuatro puertas.


 –¿Muchos zapatos o poco espacio?– se preguntó así misma en alto mirando fijamente las quince cajas que no cabían en el armario.– Poco espacio, sin lugar a dudas –se contestó a sí  misma.

   Su mirada hizo un recorrido por toda la habitación hasta quedarse mirando el elegante vestido verde colgado de la puerta de la habitación. Necesitaba ser planchado. No podía salir con el vestido sin planchar. No quería parecer demasiado arreglada pero tampoco no parecerlo. Necesitaba estar en el punto medio. Arreglada pero informal. Lo suficientemente arreglada para impresionar a Lucas en su primera cita pero no tanto como para que pensara que había pasado horas arreglándose, aunque fuese verdad.


–¿Dónde demonios está la plancha? Grrrr…
     Tras abrir un par de cajas en las que ponía “Cosas de Casa”, encontró la plancha. Utilizó su cama como tabla de planchar improvisada, descubriendo que era una de las cosas que no había comprado y tenía que comprar, con cuidado de no quemar su bonita y blanca colcha de Zara Home. Volvió a dejar el vestido en la percha y tras examinar varios pares de zapatos se decidió por unas bonitas sandalias color cobre. Ya elegiría luego el bolso. No tenía del todo claro cuál llevar.
  Laura miró la hora. Apenas era medio día y tenía la ropa preparada. Verdaderamente estaba nerviosa. Hacía tanto tiempo que no tenía una primera cita que se le había olvidado lo estresante que podía llegar a ser.
 –Hora de ponerse manos a la obra –dijo mientras sacaba libros de las cajas y los colocaba en las blancas y vacías estanterías del salón. Afortunadamente, había bastantes estanterías porque precisamente eran libros lo que ocupaban la mayor parte de las cajas.
    Zapatos, bolsos, ropa y libros, ese era el contenido de sus cajas. Un par de cajas con “cosas para la casa” que le había comprado su madre, pocas porque el piso tenía bastantes cosas pero las justas y necesarias para darle su toque personal a aquel bonito y pequeño piso de alquiler.
***
  Ese alguien especial es Juan. Lo he conocido en el trabajo. No es compañero. Sino escritor. La editorial para la que trabajo como correctora y traductora va a publicar su  primera novela y justamente soy la correctora de su novela. Aún no sé cómo acepté salir con él. No porque me caiga mal sino porque no suelo decir que sí a este tipo de citas. Apenas sé nada de él. Pero, ¡es tan mono!

Cuando se lo conté a Nina, una de mis tres mejores amigas, alucinó porque sabe cómo soy. Según ella debe ser algo así como Mr Right para yo haberle dicho que sí a una cita. No es que yo sea muy exigente, bueno, tampoco es que no lo sea. Lo normal. Sencillamente, es que hace seis meses que mi relación de pareja se fue por la borda, ejem, por no decir a la mierda, porque me tocó un eterno Peter Pan, con miedo a crecer y a evolucionar como pareja pero ya hablaremos del síndrome de Peter Pan en otra entrada y centrémonos en el día de hoy.

  Día de mi primera cita con Juan. Igual le estoy dando más importancia de la que tiene pero yo tengo que reconocer que estoy de los nervios.

¿Recuerdas tu primera cita? ¿La compartes con nosotras? Por cierto, muchas gracias Rosa y Marieta por seguirme. Ustedes son mis dos primeras seguidoras y me emociona pensar que alguien que no me conoce de nada me sigue y señala “me gusta” en mis posts.


Elva Marmed

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