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Nunca fuimos dos: capítulo 1.


Madrid, Mayo 2008

He metido la pata. Esta vez la he metido hasta el fondo. Sólo a mí se me ocurre enamorarme de él. Amanda, cada día estás más tonta, parece mentira que a estas alturas de la vida no hayas aprendido la lección. Amanda, ya no eres una niña. La próxima semana cumples veintinueve años, ¿y qué has aprendido en estos años de los hombres? ¡Nada! ¡Nada de nada! De verdad, Amanda, mucha carrera universitaria, mucho máster pero en cuestión de amores eres una nulidad. ¿Cómo se te ocurre mezclar amor y amistad? ¿Cómo se te ocurre creer que tú podías mantener una amistad, digamos especial, con un amigo sin terminar enamorándote de él? ¿Cuándo te has metido tú en la cama de alguien sin estar enamorada de esa persona? ¿Por qué creías que con Alejandro iba a ser diferente? Peor, aún, ¿cómo llegaste a pensar que no terminarías enamorándote de tu mejor amigo, de tu paño de lágrimas? Sí, sí, ahora no tengo pareja me lío contigo. Ahora vivo angustiado porque me ha dejado mi novia, me lío contigo. Ahora me han roto el corazón me lío contigo o, simplemente, estoy contento porque ha ganado el Madrid me lío contigo.  Amanda eres tonta. Te lo repito y vuelvo a repetir, tonta, tonta con ganas. Seguro que en el DRAE junto a la definición de" tonto" aparece tu foto. 

Buenos días, Mandydijo Alejandro que acababa de despertar. —¿Te pasa algo?preguntó al ver el rostro de su amiga.
No, nada. Me he despertado con dolor de cabeza. Nada que no pueda quitar una buena ducha.dijo buscando su camiseta entre las sábanas.
Seguro, ¿qué no te pasa nada más?preguntó Alejandro sentándose y apoyando su cabeza en el cabecero de la cama.
No, ¿qué me iba a pasar?
No lo sé, es sólo una pregunta. No me gusta ver a mi mejor amiga con esa carita.
Tu mejor amigamurmuró Amanda saliendo de la habitación rumbo al baño.
¿Qué decías?
Nada, nada importante. Tonterías mías.
De verdad, no hay quien os entienda.dijo Alejandro levantándose de la cama. —. ¿Preparo el café?preguntó a Amanda al pasar por delante de la puerta cerrada del baño.
Sí, si no te importa.contestó Amanda mientras se metía en la ducha.
¿Por qué me iba a importar? Mandy, espero que la ducha te ponga de mejor humor, de verdad.dijo intentando abrir la puerta y comprobando que Amanda había cerrado por dentro. Extrañado entró en la cocina. Ella nunca cerraba la puerta.

                Amanda se contempló detenidamente en el espejo mientras se peinaba el pelo recién lavado. Le dieron ganas de coger las tijeras y cortárselo. Estaba cabreada. Cabreada con ella misma.

Él no tiene la culpa, Amanda. Nunca habéis hablado de amor. Sois amigos. Tú te has jodido a ti misma, no él. Él siempre ha sido sincero contigo.
Terminó de peinarse. Se hidrató la piel de la cara e intentó dibujar una sonrisa. Se enrolló la toalla y salió del baño. El olor del café empezaba a invadir la casa. Alejandro estaba apoyado en la puerta de la cocina, sólo llevaba sus boxers negros.

Buenos díasdijo Amanda luciendo una sincera sonrisa.—. Siento mi humor de hace un rato.
¿Estás bien?preguntó con total sinceridad Alejandro acercándose a ella y dándole un beso en los labios.
Sí, la ducha me ha despejado la cabeza. 
Me alegro. No termino de acostumbrarme a verte seria, además se suponía que tú me ibas a animar a mí.
Ya. Bueno, voy a vestirme.
Una pena, esa toalla te queda muy bien.comentó entrando en el baño. Ya no aguantaba más las ganas de orinar.
Lo tendré en cuenta la próxima vez que salgamos de fiesta.dijo entre risas Amanda entrando en la habitación.
No, no, no. No tengo ganas de ir rompiendo caras porque intenten propasarse con mi mejor amiga cuando te vean entrar así. Ya bastante te miran vestida como para que salgas medio desnuda.bromeó Alejandro desde la puerta de la habitación. "Mejor amiga" aquellas dos palabras le resonaban en la cabeza marcándosele a fuego lento en la piel.

                    Amanda se ruborizó al sentirse observada por Alejandro. No era la primera vez que la veía vestirse pero todo había cambiado para ella. Le dio la espalda. No sabía si el rubor se notaba en sus mejillas y no quería que él se percatara de ese cambio. Se subió los vaqueros lo más rápido que pudo mientras mentalmente intentaba alejar a Alejandro de la puerta de la habitación.

Mandy, me doy una ducha en lo que terminas de vestirte.
Valecontestó resoplando y estando apunto de pillarse un dedo cerrando el cajón de las camisetas. Terminó de vestirse enseguida. Abrio la persiana de la habitación para dejar entrar la luz del día. El cielo estaba azul, el sol brillaba, pronto llegaría el verano.

              Sí, este año le apetecía la llegada del verano más que nunca. Volver a casa por unas semanas. Alejarse del trabajo, de Madrid, de Alejandro. Ver a sus amigos de toda la vida e ir a la playa. El olor del mediterráneo  invadía sus pensamientos mientras servía la leche en las tazas para ella y Alejandro.
 Necesitaba un cambio. Quizás el verano se lo traería. Quizás los veintinueve se lo traería. Sí, quizás el final de esta década vendría con un cambio en su vida. Sí, lo necesitaba. Necesitaba no hacerse daño así misma al haberse enamorado del cabeza loca de su amigo. Sí, era su mejor amigo. Daría la vida por él pero también sabía que ellos no estaban destinados a estar juntos. Dudaba que Alejandro fuera capaz de sentar la cabeza algún día. Él no creía en ataduras, amores para toda la vida. No, él se definía así mismo como un alma libre, excusas para ir de unos brazos a otros y no sentirse culpable. 

           ¿Cuántas novias le había conocido en los últimos once años? Uff, imposible recordarlas a todas. Había habido de todo, novias más serias y simples líos de una noche. A ella siempre le había sido fiel como amiga, probablemente, fuera la mejor relación con una mujer que jamás hubiese tenido. Precisamente, era así porque sólo eran amigos. No había nada más entre ellos, al menos, para él. Amanda lo sabía, por eso, le daba más rabia el haberse enamorado de él. ¿Cómo había podido enamorarse de él? Precisamente, era del  tipo de chico del que sabía debía huir pero era irresistible. Le gustaba hasta cuando hablaba de fútbol. A veces pensaba que porque le gustaban demasiado las mujeres porque si no diría que estaba enamorado del siete del Madrid.

¿Vienes a comer a casa?preguntó Alejandro devolviéndola a la realidad.Un euro por tus pensamientos.
¿Con tus padres?
Sí, claro, con mis padres. Hasta que no encuentre piso sigo viviendo con ellos.
Pero ¿tienes intención de mudarte?bromeó Amanda poniéndose azúcar.
Pues, claro, ¿lo dudas?
Uhm, no sé. 
Bueno, ¿te vas a venir? Mis padres cuentan contigo.
Vale, está bien. Te seguiré aguantando hoy domingo.
Eh, pero ¿qué te he hecho yo? preguntó poniendo cara de pena.
—Nada contestó acariciándole la mano, que tenía sobre la mesa de la cocina. —. Bueno, ¿ya te encuentras mejor de tus penas de amor?
Sí, gracias a ti.
Vaya, debo ser milagrosa. Igual deberían recetarme contra el mal de amores.
No, de eso nada. Tú eres mía.dijo mirándola a los ojos fijamente.
No, te recuerdo que no. contestó Amanda notando un estremecimiento.
Bueno, tú ya me entiendes. dijo pellizcándole la punta de la nariz.
Sí, te entiendo pero sabes que los medicamentos tienen fecha de caducidad. Igual a nosotros nos pasa igual.
¿Qué quieres decir con eso? No te entiendo.dijo Alejandro terminándose el café con leche.
Nada, tonterías mías.
¿Tonterías tuyas? Uhm, no me convences. Hoy estás rarita. dijo Alejandro. —. ¿Te tiene que bajar la regla?
¡Alejandro Rodríguez! ¿Qué gilipollez es esa? Eso sí que no me lo esperaba de ti.
Lo que sí esperaba yo es que saltaras con mi comentario. Rio—. Preciosa, que estás muy rarita esta mañana. ¿He hecho o dicho algo malo?
No, sin contar con esta tontería.
¿Entonces, qué te pasa? Porque te pasa algo, o ¿crees que después de once años no te conozco lo suficiente para saber qué te pasa algo.?
Ale, de verdad, no me pasa nada. Déjalo ya.
Vale, muy bien. Si tú dices que no pasa nada yo me creeré que no pasa nada. dijo guiñándole un ojo.
Lo siento, perdona. No he dormido bien.
Entonces tengo parte de culpa.respondió sonriente.
Algo sí. contestó mientras pensaba "parte no, tienes toda la culpa".

*  *  *  *  *
              Alejandro miraba de reojo a Amanda aprovechando que el semáforo estaba en rojo. Amanda iba callada. Concentrada en sus pensamientos. Miraba por la ventana mientras tarareaba la canción que sonaba en la radio del coche. Era uno de sus cantantes favoritos, Michael Bublé. Siempre que lo escuchaba la imagen de Amanda le venía a la mente. Alejandro subió el volumen del Dream a little dream of me  en un intento de recuperar la atención de Amanda. Sabía que algo le sucedía a su amiga. Ella no era así,  Amanda, rara vez se levantaba de mal humor. Amanda era conocida por su eterna sonrisa, siempre de buen humor, sus ojos siempre te recibían con una sonrisa. Sus labios no necesitan sonreír, sus ojos siempre se le adelantaban. Sí, le pasaba algo pero no iba a insistir. Más tarde o más temprano se enteraría qué ocurría. Ellos siempre se lo habían contado todo. No había secretos entre ellos. Nunca se le hubiese ocurrido, que tendría una relación así con una chica, pero desde que se conocieron al comenzar en la universidad fue así, algo especial surgió entre ellos. Ambos se aconsejaban en sus respectivas historias de amor, dándole al otro la visión masculina o femenina del tema. No había un solo recuerdo en el que no apareciera ella desde septiembre de 1997, en el que Amanda desembarcó a Madrid con su frescura del mediterráneo.

                 Tras dar un par de vueltas Alejandro aparcó el coche relativamente cerca de su casa, caminaron en silencio uno junto al otro. Alejandro comenzaba a desesperarse, no sabía qué estaba pasando. ¿Se había enamorado su amiga de algún chico y no le había comentado nada? ¿Le pasaba algo en el trabajo? No, eso lo descartaba, la adoraban en la oficina. Estaba seguro que ascendería con mucha facilidad, Amanda se hacía necesitar, respetar, admirar y querer con mucha facilidad también en el ámbito laboral. Alejandro abrio la puerta del ascensor dejándola entrar a ella primero.

Esto es por un chico, ¿verdad?preguntó Alejandro nada más cerrarse la puerta del ascensor.
¿Qué?
Esto de hoy, tu silencio. No me digas que no,  Mandy, nos conocemos demasiado bien.
No, bueno sí, pero ya está olvidado.
¿Cómo que está olvidado si a mí no me has contado nada?
Ale, no pasa nada. Ya está olvidado. No merece darle más importancia de la que tiene.comentó dedicándole una sincera sonrisa.
Sí, si te tiene así.dijo abrazándola.¿Quién es el capullo que te tiene así?
—Olvídalo, no vale la pena. Entre él y yo no va a pasar nada.
—¿Y eso? ¿Es ciego? —preguntó mientras se abrían las puertas del ascensor y se tropezaban con el padre de Alejandro, que iba a por el pan. — o ¿gilipollas?
—¡Alejandro Rodríguez esa boca, que nos hemos dejado una pasta en tus estudios! —bromeó Joaquín mientras le daba un par de besos a Amanda.
—Papá, me entenderás cuando te diga que por ahí hay un gilipollas que no le hace caso  a Mandy.
—Buenos días, Joaquín, no le hagas caso a tu hijo que es un exagerado.
—Sí, pero es cierto eso que dice, hay que ser muy tonto para no fijarse en ti. —dijo acariciándole las mejillas y mirando a su hijo fijamente. —. Voy a por el pan, ahora subo.

                   Amanda adoraba a los padres de Alejandro, sabía que era mutuo, ellos la habían acogido como si de una hija se tratase desde el primer momento que se conocieron. Ellos sabían que su hijo y ella eran muy buenos amigos, amigos especiales. Ni Almudena ni Joaquín entendían ese tipo de relación. Sí, eran muy abiertos y modernos, pero no comprendían que estando tan bien juntos no fueran algo más que amigos. Raro era el fin de semana que  Amanda no pasaba por su casa, más de una vez había amanecido en ella antes de irse a vivir sola. Ellos eran su familia en Madrid, así se lo habían hecho sentir y así los sentía ella.

—Almudena, estaba todo delicioso. Entiendo que tu hijo no se vaya de casa.—bromeó Amanda mientras terminaba de comerse la tarta de tres chocolates, que había hecho la madre de Alejandro.
—Gracias, cariño. Ya si yo ya me he hecho a la idea que se nos queda en casa.
—Joder, cuando me vaya de casa ya llorarás por mí. ¿De verdad que molesto tanto? —dijo Alejandro dándole un bocado a la tarta. —. De todos modos, ¿piensas que dejaré de venir a comer a casa cuando me vaya? Lo mío no es la cocina, así que o vendré por aquí o por casa de Mandy.
—¿Y cuándo Amanda no esté sola? —preguntó Joaquín. —¿O crees que va a estar esperándote eternamente?
—Yo, yo no estoy esperando a Alejandro. —Se apresuró a decir Amanda.
—Ya sabes que mis padres te quieren más a ti que a mí. —bromeó Alejandro.

                 
                   Joaquín preparaba el café mientras su hijo y Amanda recogían la mesa, dejándole los platos a Almudena, que llenaba el lavavajillas. Tomaron café una vez acomodados en el sofá delante de la tele. Daban  La Máscara del Zorro. Alejandro pasó el brazo por encima de los hombros de Amanda, la cual le dedicó una sonrisa acurrucándose a su lado. Vieron la película con los ronquidos de Joaquín de fondo, que dormía con el periodico en las manos.

—Cielo, siempre he pensado que te pareces a la Zeta Jones. —comentó Almudena mientras veían la película.
—Pues sí, mi madre tiene razón. Sí que te pareces y hoy, que te has levantado a la defensiva, sólo te falta la espada. —bromeó Alejandro.
—¡Qué gracioso, está el niño hoy! —dijo Amanda pellizcando a su amigo en un costado. —.Si pillo una espada te ibas a acordar tú de mí. —dijo entre risas mientras Almudena los observaba pensando por qué demonios no eran pareja. Sí, le gustaba aquella chica como nuera, no lo podía negar.
—Eh, Mandy, ¿te has dado cuenta que el zorro actual se llama Alejandro, el hijo Joaquín?, es a la inversa que mi padre y yo.
—¿Y? —preguntó Amanda sin entender a dónde quería llegar Alejandro.
—Que me gusta el nombre de Diego, el del padre de la Jones, bueno de Helena, cuando tenga un hijo le pondré Diego, me gusta.
—Pero ¿tú piensas tener hijos algún día? — preguntó risueña Amanda.
—Sí, claro. Te propongo una cosa, si de aquí a diez años seguimos solteritos los dos y sin pareja a la vista podríamos tener un hijo, ¿te parece?
—¿Tú y yo, un hijo? —Amanda no pudo evitar las carcajadas.
—Hijos míos, vosotros sabéis que las cosas no son así. Esto es lo que me faltaba por oír entre vosotros, ¡quedar para tener un hijo!
—¿Quién tiene un hijopreguntó Joaquín que acababa de despertarse con las risas de Amanda y Alejandro.
—¿Hay trato?
—¡Estás loco! ¿Y esto es para dentro de diez años? —preguntó sin poder parar de reír Amanda.
—Sí, claro antes ni loco. ¿Qué hago yo con un niño ahora? Es ahora cuando estoy disfrutando de la vida, un hijo no entra en mis planes inmediatos ni de broma. ¿Trato o no hay trato?
—Vale, muy bien, dentro de diez años hablamos.
—No entiendo nada. —comentó Joaquín.
—Ni quieras entender. Estos dos son tal para cual, ¡están como cabras!
—Bueno, Mandy? ¿Vamos al cine?
—¿Al cine?
—Venga te invito a ver la última de Indiana, que la estrenaron el viernes.
—Uhm, vale, no te digo que no.

*  *  *  *  *

—De verdad que no entiendo a estos dos, y a tu hijo menos. ¿Cuándo se va a dar cuenta que Amanda está enamorada de él? —Joaquín preguntó a Almudena tras quedarse solos.
—No lo sé, a mí se me escapa de mi comprensión. No entiendo esta relación que tienen. Ya verás que terminarán haciéndose daño, si no tiempo al tiempo.
—Me dan ganas de darle dos collejas a tu hijo, de verdad. —dijo Joaquín levantándose del sillón. —. A todas las chicas, que ha tenido de novias, Amanda les da mil vueltas.
—Cariño, tú no eres neutral—comentó Almudena sin poder evitar una sonrisa, que sabía muy bien la debilidad que sentía su marido por aquella valenciana. —, aunque tienes toda la razón del mundo pero, lamentablemente, no somos nosotros los que hemos de decidir, así que los dejamos y que ellos se las arreglen.



Elva Marmed

Comentarios

  1. Me encanta!!
    Que ganas tengo de poder hacerme con los dos libros, y conocer toda la historia de Amanda y Alejandro... Ojala encuentre pronto curro para comprármelos.
    Un besazo!!

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    Respuestas
    1. Hola, Montse, espero que así sea para ti, para mí!!!
      un abrazo

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