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¿De Verdad Somos Tres?: Tercer libro trilogía "Tres No Son Multitud"

(...)

―No sé si voy a acostumbrarme a dormir solo. ―dijo Alejandro antes de volver a besar a Amanda. ―.Por extrañar, voy a echar de menos hasta tu cama.
―¿Solo a mi cama? ―rio Amanda notando los labios de Alejandro bajando por su cuello.
―Señorita González he dicho “hasta tu cama”, no tergiverses mis palabras que nos conocemos. ―comentó clavando su mirada en la de ella. ―. Mandy no sé cómo lo vamos a hacer pero esta distancia no puede durar mucho, yo ya los estoy echando de menos a los dos y aún no me he ido.
―Ale, no me digas estas cosas que ya bastante jodida estoy como para que me digas esto. ―dijo sin poder evitar las lágrimas.
―Eh, Mandy, no llores. Ya verás que encontramos una solución.
―¿Cuál?
―No lo sé pero algo se nos ocurrirá.
―¿El qué? ―preguntó antes de sentir los labios de Alejandro sobre los de ella. ― No necesito saberlo ahora.―dijo entre beso y beso.
―Podemos ponernos a pensar y dejar esto para otro momento. ―bromeó Alejandro.
―Ni se te ocurra―respondió Amanda sentándose sobre de él. ―. Además, ya sé lo que voy a hacer, te voy a secuestrar y no pienso pedir rescate.
―Vaya, señorita secuestradora y ¿qué piensa hacer para retenerme?
―Uhm…déjame pensar―le susurró Amanda al oído antes de comenzar a bajar con sus labios por su cuello.
―Uff… veo que vas a conseguir tu objetivo con mucha facilidad.
―Eres una presa fácil―dijo Amanda levantando la vista para clavarla en la de Alejandro.

Alejandro no podía borrar la sonrisa de su cara mientras notaba los labios de Amanda bajando por su pecho, sus ojos cerrados se abrieron de golpe. No estaban solos en la habitación, Alejandro estiró la mano para hacer parar los labios de Amanda cercanos a su ombligo.

―Diego, ¿pasa algo? ―preguntó Alejandro con voz entrecortada haciendo saltar como un resorte a Amanda bajo las sábanas.
―¿Mamá, qué haces ahí abajo? ―preguntó Diego al ver salir a su madre de debajo de las sábanas.
―Pues…que se coló un mosquito y lo estaba buscando antes de que me picara. ―dijo Amanda intentando mantener la compostura y credibilidad. ―. ¿Qué estás haciendo aquí, cariño? ¿Ha pasado algo?
―Tengo pipi.
―Cielo, pues, vamos al baño. ―respondió Amanda mientras Alejandro aguantaba las ganas de reírse.
Amanda se levantó y acompañó a un pensativo Diego al baño. Un par de minutos más tarde lo arropaba en su cama.
―Hala, a dormir. Buenas noches, piratilla.
―Buenas noches, mami―respondió Diego tras besar a su madre. ―. Mamá― dijo Diego cuando Amanda estaba ya saliendo de la habitación.
―Dime, cariño.
―¿Buscabas al mosquito a oscuras?
―Eh, ¿el mosquito? ―titubeó Amanda que ya había olvidado su propia excusa. ―Sí, claro, si enciendes la luz se esconde.
―Ah, no lo sabía.
―Bueno, pues, ya lo sabes. ―dijo Amanda mientras pensaba cómo se le había ocurrido una excusa tan tonta.
―Mamá―volvió a llamarla Diego.
―Dime, Diego.
―¿Lo encontraste?
―¿A quién?
―¡Mamá, al mosquito! ―exclamó Diego.
―Sí, sí, lo encontré. ¡Hala, a dormir que es muy tarde!


Amanda regresó a la cama donde Alejandro la esperaba muerto de risa.

(...)

Elva Martínez

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