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Mostrando entradas de 2015

Saga Amigas y Treintañeras: Cuarto Libro.

Capítulo 1: El post-it.

Verano 2015¿Por qué cojones no contestas al teléfono, Patty? No tenía que haberle hecho caso, tenía que haber ido con ella al especialista, reflexionaba Aday volviendo a marcar el número de su novia sin obtener ningún resultado. Esto no es normal, hace más de una hora que debe haber salido de consulta, ¿qué coño ha pasado para no contestar a mis llamadas? Las paredes de la casa se le venían encima a Aday, comenzaba a desesperarse por la falta de noticias de Patty.  No quería ponerse tremendista, hacía más de una hora que intentaba hablar con ella, saber cuál había sido el diagnóstico; pero Patty no contestaba a sus llamadas y mensajes. ¿Y si se mareó yendo en el coche y le ha pasado algo?, se preguntaba recordando que aquella misma mañana se le había encontrado vomitando junto a la taza del váter. ―¡Mierda, Aday, tenías que haber ido con ella! ¿Por qué demonios será tan cabezota? ―reflexionó en alto volviéndola a llamar sin resultado. ―¿Sabrá algo  Silvia?

Menta y Chocolate.

Menta y Chocolate 
Hace unos meses me metí de lleno en un nuevo proyecto, en una nueva historia. En una historia, que capítulo a capítulo, o casi mejor decir, cucharada a cucharada, fue publicándose semanalmente en blogger y wattpad. Historia, que con su frescura, dinamismo y, tal vez, esa primera inocencia que mostramos todos en nuestra infancia (por aquello que comienza con la historia de unos niños), los lectores fueron sintiéndose parte de ella y cayendo en la dulce tentación de Menta y Chocolate (historia y helado), ja ja ja...
Sinopsis
Menta y Chocolate nos narra la historia de Eva, una pequeña de 8 años que disfruta de la mejor de las infancias en su terrreta, Valencia, junto a ella conocemos a su primo Alejo, su más fiel escudero, aunque como cualquier primo mayor le guste meterse con ella. A su amiga Ana, su amiga del alma, su amiga para toda la vida, ni siquiera la distancia física logrará separarlas. Andrés, el hermano mayor de Ana, a quien le une una curiosa pasión por el …

De perros y sus dueños: Corsario.

Amanda no pudo evitar quedarse en la puerta observando a sus hijos, imposible no sonreír viendo a Diego explicarle a su hermana el porqué de su nombre.
Si parece que fue ayer cuando te vi la cara por primera vez, cuando te mecía al compás de tu canción mientras te volvías loco mirando las batallas piratas, que la abuela te había pintado en la pared, y mírate ahora con siete años dándole mil y una explicaciones a tu hermana.
―Mamá, te quería llamar Helena, Helena con “h” como la de Troya. Yo no sé dónde está Troya, igual no existe y es como la princesa encantada de la fuente. ―explicaba Diego con su cabeza apoyada en Corsario bajo la atenta mirada de Stella. ―. Papá, no lo tenía claro, le gustaba el nombre de mami, pero mami le dijo que no quería repetir nombre y entonces lo decidí yo. ¿Sabes? Yo le pedí a las estrellas una hermana, bueno o un hermano, y las estrellas que son mega poderosas te metieron en la barriga de mamá.
Amanda apenas podía aguantar la risa escuchando las explicacion…

De Perros y sus dueños: Akima.

Los tacones de Jelly repiqueteaban esperando el ascensor. Nada, parecía estar eternamente ocupado o, peor aún, estar roto. Volvió a mirar la hora en el móvil, no había duda tenía el tiempo justo de subir corriendo las escaleras, cambiarse de zapatos y bajar con Akima para ir a buscar a Fernando.
      Uff, siempre corriendo Jelly, parece ser tu sino desde que aterrizaste en Madrid, pensaba mientras corría por las escaleras. Puaff, pues si ahora se hace cuesta arriba, luego subiré con Fer y Akima. ¿Quién necesita gimnasio? Yo no, desde luego.
―Hola, guapa, igual estabas esperando el ascensor y nosotras lo teníamos aquí ocupado mientras le dábamos a la lengua. ―con una hipócrita sonrisa comentó la vecina del tercero. ―Nada, me habéis ahorrado el tiempo del gimnasio. ―sonriente contestó Jelly haciendo un esfuerzo para no fulminarlas con la mirada.
    Dos pisos más y estaba en la que era su casa por el momento, el piso de Gonzalo comenzaba a hacérseles pequeño. El despacho había sido r…