sábado, 7 de marzo de 2015

Saga Amigas y Treintañeras: Silvia deshoja la margarita.

Saga Amigas y Treintañeras: Silvia deshoja la margarita.

         Silvia cree tener su vida resuelta: un buen trabajo, la casa de sus sueños con vistas al mar, el novio perfecto... ¿perfecto? Perfecto hasta que el tedío , la monotonía, la costumbre se acomoda en medio de su relación. 

          Las dudas se instalan en su vida, no estando segura de querer seguir con su compromiso decide hacer un "kit kat", aplazando su compromiso con Roberto. 
           En medio de esta "pausa", Silvia comienza un curso de especialización en Arte Moderno en Madrid y, Madrid le devuelve una antigua obsesión: Víctor. No siendo él el único en llegar a su vida gracias a sus viajes, en sus visitas mensuales al Reina Sofia conocerá al profesor Ángel Miller y a David, compañero de televisión de su amiga Lola.
              Roberto, David, Víctor y Ángel serán cuatro pétalos a deshojar de su margarita...



*****     *****     *****
     Silvia deshoja la margarita es la tercera novela de la saga, hemos conocido a Laura, la escritora a la que le tocó elegir entre un "Peter Pan" y un compañero de profesión; a Lola, periodista y madre primeriza, con la que vivimos sus aventurasy desventuras con las "mujeres" de su chico. Ahora conocemos a Silvia, profesora de arte en la ULPGC y con una vida amorosa muy activa. Tras ella solo nos faltará conocer a Patty, de la que ya iremos conociendo algo de su vida en esta tercera novela.

            Amor, erotismo, sensualidad, humor, amistad...son los ingredientes principales de Silvia deshoja la margarita.




Prólogo

Sábado 14 de febrero, 2015

                   ¿De verdad esto es lo que quieres, Silvia? ¿Qué demonios tiene este hombre que te hace actuar de esta manera? ¿Qué ha sido esto? ¿Y si ahora te enamoras de  él? ¿Acaso crees que Víctor ha cambiado algo en los  últimos años? ¿Y ahora le contarás esto a Roberto? Roberto, él sí que es el hombre perfecto, lo tiene todo a su favor y, sobre todo está total y absolutamente enamorado de ti. ¿Y tú, Silvita, estás tú enamorada de él? ¿Hubieses sucumbido a los encantos de Víctor de haberlo estado? Mierda Silvia, estás jodiendo toda tu vida sentimental por…por… por un ¿polvo?

     Sí, porque no te lleves a desengaño, para Víctor no eres más que eso. Un polvo con la rubia que pasó de él en la facultad, y mira que te costó pasar de él, de esos ojos. ¡Joder, Silvia, fuiste capaz de pararle los pies a los veinte años y ahora con treinta y tres no!

      Bah, Silvia, ¿qué dices? ¿Acaso tú esperabas algo más que sexo? No, tú también lo has utilizado así que para qué demonios te estás volviendo loca hablando contigo misma. ¿Acaso no te habías comprado este conjuntito de lencería pensando en él?

     Silvia se miró al espejo, la noche anterior no se había desmaquillado y tenía restos de kholl en los  ojos. Miró sobre la repisa del baño. Nada, Víctor no tenía nada que le sirviera para limpiarse la cara.

―Agua y jabón―dijo en baja voz antes de lavarse la cara y quitarse los restos del maquillaje.

     Volvió a mirarse al espejo, ya con la cara limpia, sin restos de pinturas de guerra.  Su corta melena rubia estaba alborotada.

      ¡Cómo para no estarla! ¡Víctor es impresionante! ¡Cómo para no terminar con pelos de loca!, pensaba con una medio sonrisa en sus labios mientras se colocaba un par de mechones tras las orejas. Se colocó bien el corset rosa shanti recién estrenado. Apagó la luz y regresó a la habitación.

―Pensaba que habías huido―comentó Víctor apoyándose sobre el cabecero de la cama sin dejar de observarla en su recorrido. ―. Preciosa, mira que en la universidad eras rompedora pero debes ser como el buen vino, mejoras con los años.
―Gracias―contestó Silvia mientras se colaba entre las sábanas.
―Y ese conjuntito que llevas te queda de muerte―siguió hablando Víctor mientras se tumbaba sobre de ella. ―, sin duda alguna encontrarte está siendo lo mejor de este curso.

      Sus miradas se clavaron la una en la de otro. Los ojos de Silvia se perdieron por completo en aquellos ojos claros que la miraban fijamente. Eres condenadamente guapo, pensaba mientras sentía estremecerse bajo su mirada.

―Nunca me olvidé de ti―susurró Víctor junto a su oído antes de comenzar a recorrer su cuello con sus labios.

     Silvia no volvió a oír nada más. No hubieron más palabras, sus respiraciones entrecortadas tapaban los consejos de su cerebro: te estás equivocando, Silvia. Esto no es amor…


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Capítulo 1: San Valentín, mensajes, desayunos y M&M’s…

      Contrarreloj. Corría contra el tiempo. Apenas hacía unos minutos que Víctor la había dejado en la puerta de su hotel. Necesitaba ducharse, ponerse ropa limpia y salir corriendo hacia el museo. Aquel no era un viaje de placer, aunque la noche anterior lo hubiese sido. En menos de una hora comenzaba el seminario y ella no se caracterizaba por llegar tarde.
Tenía que haber aceptado el ofrecimiento de Víctor a esperarme. No, necesito desintoxicarme de él, quitarme su olor. Dios, Silvia, ¿qué has hecho? ¿Esta es tu manera de pensar qué quieres hacer con tu vida? ¿Entra Víctor en tus planes de futuro? ¿Vuelves a hablar contigo mismo, Silvia? No le des tantas vueltas al tema y aprovecha el momento. Uff…cuando las chicas se enteren de esto.

      Silvia se envolvió en una de esas mullidas, blanquísimas y  enormes toallas de hotel sin apartar la vista del espejo.

     Tienes ojeras, Silvia, a ver cómo las disimulas porque no sé si el corrector hará maravillas. ¿He traído las ampollitas mágicas? Sí, seguro que sí. Tu neceser parece una perfumería ambulante.

       El sonido del móvil llegaba desde la habitación.

―¿Será Víctor? ―se preguntó en alto mientras corría a ver quién le mandaba mensaje. ―Igual no me ha hecho caso y está esperando abajo.

Hola, preciosa, feliz San Valentín. Sé que estamos en un “break” pero no quería dejar de felicitarte. ¿Estás en el curso?

―Roberto―dijo dejando caer el teléfono sobre la cama mientras sentía una punzada en el estómago. ―Mierda, Roberto, tú no te mereces esto. ―. Silvia no pienses en eso ahora y date prisa. Ya le contestarás luego.

   Silvia sacó la ropa interior de la maleta. Un bonito y sugerente sujetador negro con una minúscula braguita a juego fue el elegido.

―Ja, Silvia, no te caracterizas por llevar braguitas de algodón, pero los conjuntitos que has traído no indican venir únicamente a unas conferencias de arte moderno. ― hablaba en  alto mientras se abrochaba el sujetador y recordaba no haberse hidratado la piel.

     Un nuevo beep sonó en su móvil.

Ayer me encontré con Aday, la próxima semana inaugura su local Patty. ¿Te molesta si voy?

        En menos de cinco minutos Silvia llevaba vaqueros, camisa blanca y botas.  Diez minutos más le llevó maquillarse, peinarse y perfumarse. Nunca había corrido tanto a la hora de arreglarse. Miró la hora.

        Ocho y media. Voy bien de tiempo. Pero nada de café. Uff, lo necesito vía intravenosa. Intentaré comprar uno para llevar de camino. Bolso, móvil. Uhm, he de contestarle a Roberto. Carpeta, ¿dónde están mis guantes? Sí, en el bolsillo del abrigo. Abrigo.

    Silvia repasaba mentalmente todas sus cosas abrochándose el abrigo. Se volvió a mirar en el espejo antes de salir de la habitación, quitó la tarjeta de la llave de la luz y cerró la puerta.

    El móvil vibraba dentro del bolso mientras ella caminaba a paso acelerado rumbo al ascensor que abría sus puertas. Silvia aceleró aún más su ritmo, entrando a trompicones en el ascensor y tropezando con uno de los chicos que estaba dentro.

―Perdón―se disculpó Silvia.
―¿Te has hecho daño?
―No, no, has amortiguado mi caída. ―contestó sonriente.
―Me alegro―respondió clavándole su mirada en los ojos de ella al tiempo que las puertas del ascensor se abrían en el hall del hotel. ―¡Qué tengas un buen día!
―Gracias―respondió casi abducida por la perfecta sonrisa de su interlocutor.

      Silvia espabila, el tiempo corre en tu contra, se dijo así misma mientras aceleraba el paso rumbo a la calle. Miró a derecha y a izquierda, sabía que a uno de los dos lados, justo el opuesto al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía había un Dunkin Coffee. Nada más divisar su objetivo Silvia se dirigió hacia él a paso ligero. Necesitaba con urgencia una doble ración de café, la noche anterior no había dormido casi nada y, necesitaba mantenerse despierta durante la mañana.

      El dulce aroma de los diferentes donuts le hizo recordar que también debía comer algo.

―Hola, buenos días, un café doble bien cargadito para llevar y uno de esos―dijo señalando uno de los apetecibles donuts de las vitrinas.
―Para mí lo mismo que la señorita―escuchó decir detrás de ella―.Hola, parece ser que estamos destinados a encontrarnos.
―Eh… ah… hola―titubeo Silvia ante la sonriente mirada del recién llegado. ―, perdona, no suelo ser tan parca en palabras pero estoy a falta de una buena dosis de cafeína. ―explicó al tiempo que sacaba su cartera de su repleto bolso.
―Entonces somos dos los que necesitamos café, yo lo necesitaría vía intravenosa. Me temo que ya no aguanto igual el no dormir―comentó―.Te invito yo.
―No, no.
―Te invito yo―repitió mientras le pagaba al atento dependiente.
―Bueno, gracias. Te debo un desayuno.
―De nada, lo tendré en cuenta.
―Gracias de nuevo, perdona que sea maleducada pero tengo un poco de prisa.
―No pasa nada, yo también llevo prisa. Ya nos veremos en algún lugar.
―Sí, ya nos veremos.-―replicó Silvia saliendo a la calle sin apartar su mirada del recién conocido. ―. Perdón―se  disculpó con la pareja que acababa de entrar bajo la risueña mirada de aquel atractivo extranjero, porque a pesar de su perfecto acento, su cadencia lo delataba, sin embargo, sus rasgos no eran de fuera.

         Nada más entrar en el edificio dirigió sus pasos hacia el auditorio Sabatini, donde un fin de semana al mes, asistía al curso de arte contemporáneo que estaba realizando. Víctor estaba hablando animadamente con un par de personas. Uno de ellos era uno de los ponentes de aquel sábado, Alberto Guzmán. Un sonriente Víctor le hizo señas para que se acercara hasta ellos, ella rechazó su invitación enseñándole su desayuno. Necesitaba beberse cada gota de aquel café ya o, con aquella tenue luz y el calorcito de la calefacción de la sala se dormiría en un abrir y cerrar de ojos.

       Silvia se sentó en las primeras filas, como ya venía siendo habitual, se quitó el abrigo y los guantes dejándolos sobre su bolso en el asiento contiguo al suyo. Apoyó bien la espalda. Respiró. Tenía la impresión de haber comenzado la mañana corriendo. Dio un sorbo al café observando a Víctor enviar un mensaje. Acto seguido su móvil dio señales de vida.

Uff, no le he contestado aun a Roberto. ¿Volverá a ser él nuevamente?, pensaba mientras rebuscaba en su bolso.

Preciosa, como siempre, ¿comemos juntos? No acepto un no por respuesta. Un beso.

Gracias por los cumplidos. Y ya que no aceptas un no, te diré que sí. Un beso.
Y esta noche te quedas en casa. Recoges tus cosas del hotel, es una tontería que vuelvas. Besos.

¿Siempre has sido tan mandón?

Je je je, ¿Lo soy?

¿No deberías hacerle caso a los ponentes en vez de estar mandando mensajitos?

Tú eres más interesante. ¿Llevas ese conjuntito de anoche?

      Silvia notó como el rubor subía a sus mejillas, levantó la vista tropezándose con la intensa mirada de Víctor. Negó con la cabeza sin dejar de observarlo.

El envoltorio es lo de menos, el contenido es lo que me importa.

    Silvia no contestó. Tenía la piel de carne de gallina. Víctor volvió con los ponentes y Silvia aprovechó para darle un mordisco a su donut. Uhmmm…está realmente delicioso, pensaba mientras volvía a leer los mensajes de Roberto. Será mejor que le conteste ahora.

Buenos días, Roberto, ni me había dado cuenta de la fecha. Gracias por tus felicitaciones. ¿Por qué iba a ser un problema tu asistencia?

La respuesta de Roberto no se hizo esperar:

Genial, allí nos vemos. Yo sí me acordaba, lo hemos celebrado juntos los últimos diez años. Te echo de menos, princesa.

       Silvia no dio respuesta al mensaje. No podía. No quería. Ella necesitaba alejarse de Roberto. Necesitaba encontrarse a sí misma. Necesitaba averiguar qué quería hacer con su vida, cómo quería encauzarla.

        La voz de Víctor presentando a los ponentes del día la despertó de sus pensamientos. Silvia escudriñó los ojos. ¡No me lo puedo creer! ¡Es Ángel Miller! ¡Nunca me lo hubiese imaginado así! ¡Mi madre! ¿Por qué creía yo que era un señor mayor?, reflexionaba sin apartar la vista del estrado. ¿Quién me iba a decir a mí que Ángel Miller me iba a invitar a desayunar?

     Era imposible no perderse en aquella cadencia tan especial de su voz. Voz que acompañaba a aquel increíble físico. ¡Pobres alumnas! ¿Se enterarán de algo en clase?, pensaba, yo nunca tuve ningún profesor como él. No pudo evitar una sonrisa al ver que un sorprendido Ángel se percataba de ella y le dedicaba una amplia y perfecta sonrisa.

    Un par de horas más tarde Ángel hacía un alto en su ponencia, había llegado el momento de realizar un descanso. Silvia alucinó al comprobar que había pasado dos horas, el tiempo había pasado sin darse cuenta a pesar de su falta de sueño.  Ángel era un conferenciante increíble, su discurso y explicaciones te atrapaban haciéndote disfrutar con cada una de sus palabras.

―¿Vienes a tomar un café? ―era Víctor.
―Sí, sí, lo necesito.
―No sé por qué, ¿acaso no dormiste anoche, preciosa? ―preguntó mientras le colocaba un mechón de pelo tras la oreja. ―Me muero por besarte―le susurró al oído―, pero quedaría poco profesional aquí.

Silvia solo cogió su bolso, no necesitaba las prendas de abrigo. No iba a salir del edificio.

{|{|

―Ya sabes luego recoges tus cosas y las llevamos a mi casa.―comentó Víctor mientras se tomaban el café en la barra de la cafetería.
―Pero…
―No hay pero que valga, ¿o no vamos a cenar juntos? ―comentó acariciándole la mejilla.
―¿Cenar? ¿No era comer?
―Comer, cenar y mañana desayunar… desayunarte.
―Con mucha hambre te veo.-―bromeó Silvia.
―La acumulada en más de una década.
―Ya.
―Silvia, no es solo sexo. Me gusta estar contigo.
―Ya.
―Hablo en serio.
―¿Qué es lo que dices en serio? ―quiso saber Silvia poniéndose seria.
―Uno, que te quedes en mi casa y dos, que para mí eres mucho más que un revolcón de una noche. Me gustas y mucho. ―confesó acariciándole la mano que tenía sobre la barra―. Encontrarme contigo ha sido lo mejor de los últimos meses, desde que terminamos la carrera y yo me marché a Roma no nos habíamos visto y, te aseguro que me fui con mal sabor de boca.
―¿Por? ―preguntó dándole un sorbo a su café.
―Porque tú tenías una idea equivocada de mí y, sé que eso hizo que empezaras a salir con Roberto.
―¿Perdona? -―interrumpió con tono sarcástico Silvia― ¿Eres tú un poquito egocéntrico, no crees? Roberto no ha sido tu sustituto, ¿crees que de ser así hubiésemos estado juntos tanto tiempo?
―¿Por eso lo has dejado con él justo ahora? ―dijo mirándola fijamente a los ojos.
―¡Nooo! ―casi gritó Silvia―No, no te equivoques, las cosas con Roberto se habían enfriado, bueno, no… ni siquiera es eso. No sé qué es lo que va a pasar con Roberto.
―O sea que me estás usando.
―¿Qué? Pero, ¿de qué vas? ¿Qué es lo que te crees? Mira será mejor que nos olvidemos de esto.
―Pero, Silvia―un sorprendido y arrepentido Víctor por sus palabras sostenía la mano de Silvia en su intento de irse. ―. Silvia no malinterpretes mis palabras. Joder, Silvia, que de verdad me gustas.
―Víctor, suéltame, nos están mirando y, te recuerdo que tú tienes que perder más que yo.
―Silvia―la llamó Víctor sin obtener respuesta.

       No estaba segura de nada. No sabía qué sentía por Roberto. No sabía qué hacía con Víctor, ni siquiera sabía por qué se había ofendido con el comentario de Víctor. ¿Acaso las dudas por su relación con Roberto no le habían llegado al encontrárselo meses atrás en aquel primer seminario?

    ¡Mierda, Silvia! Acabas de montarle una escenita a Víctor cuando sabes que razón no le falta, se decía así misma mientras regresaba al auditorio.

―Está claro que el destino ha cruzado nuestros caminos.
―¿Qué?-―dijo levantando la vista y tropezándose con Ángel Miller. ―Ah, hola.
―Hola…―saludó Ángel―, estamos en desventaja tú sabes quién soy yo pero yo no conozco tu nombre. ―comentó con una sonrisa de oreja a oreja que haría tambalear a cualquiera.
―Silvia,  Silvia Monzón.
―Silvia Monzón, vaya, así que de tener un hijo juntos sería M&M’’s, eso sí, de cacahuete.
―¿Un hijo? ¿Qué?
―Es broma, perdona, es la falta de sueño. Un chiste malo, perdona mi humor es más británico que español.
―Ah, hablas de los M&M’’s ―sonrió Silvia―, perdona, a tu humor británico se le une también mi falta de sueño.
―Silvia.

       Víctor estaba justo detrás de ella, nada más pagar había salido en su busca.

―Hola, Miller veo que os conocéis. Si me perdonas te robo un momento a Silvia.
―Sin problema. ―contestó antes de que lo llamaran un par de asistentes al seminario.
―Lo siento, Silvia. ―se disculpó una vez a solas.
―No tengo que perdonarte nada Víctor.
―De verdad me gustas.-―le confesó susurrándole al oído mientras sus dedos acariciaban su brazo. ―.Cena conmigo, por favor, quédate conmigo.
―Muy bien.
―Al final como con Miller, al que veo que ya conoces, y con Alberto Guzmán, el otro ponente. ¿Cuento contigo?
―Vale.

{|{|

Te echo de menos

      Cada vez que veía un mensaje de Roberto el corazón se le arrugaba, sintiéndose culpable por estar allí sentada junto a Víctor. Guardó el móvil sin contestarle mientras notaba la mano de Víctor acariciándole la pierna. Levantó la vista encontrándose con los risueños ojos de Ángel, que escuchaba atento la anécdota que  Víctor contaba.

       Silvia no pudo evitar sorprenderse al notar los dedos de Víctor buscar su mano y jugar con sus dedos. Silvia lo miró de reojo mientras él seguía explicando aquella historia, a la que ella no había prestado atención y con la que sus compañeros de mesa no paraban de reír.

     ¿Qué sientes por mí, Víctor? ¿Qué es lo que esperas de lo que demonios sea esto que hay entre los dos?

―Entonces, vosotros os conocéis desde la universidad. ―comentó Ángel mirándola directamente.
―¿Nosotros? ―titubeó Silvia que andaba totalmente despistada. La falta de sueño, Víctor y los continuos mensajes de Roberto, la hacían no estar al cien por cien de sus facultades. ―¿Hablas de Víctor y de mí?
―Sí, tenías razón cuando decías que no estabas despierta. ―bromeó Ángel guiñándole un ojo. ―. ¿Cómo es posible que te hayas enterado de mi ponencia esta mañana?
―Eres muy buen conferenciante, te puedo hacer un resumen cuando quieras. ―rio Silvia.
―Créela, seguro que ha tomado unos apuntes impresionantes. ―aclaró Víctor. ―. Silvia era la chica más buscada en la facultad, no solo por su físico ―explicó acariciándole los dedos―sino por sus apuntes. Estudiar con sus apuntes era un aprobado seguro.
―¡No seas exagerado! ―clamó Silvia.
―Me lo creo, hablo de lo primero―comentó Ángel―, y de lo segundo también la vi tomando apuntes durante mi exposición.
―Bueno, vale de hablar de mí. ―dijo Silvia que comenzaba a ruborizarse con tanto halago.

        El seminario de la tarde se le hizo cuesta arriba, Alberto Guzmán era muy buen investigador pero pésimo orador. Aburrido y reiterativo en sus explicaciones, intentaba hacer algún chascarrillo de cuando en cuando sin lograr la complicidad de sus colegas de profesión. El móvil vibraba en el bolso.

Perdona si te he molestado con mis mensajes. Sé que me has pedido tiempo pero no quiero perderte. Te quiero, Silvia.

No te preocupes pero necesito tiempo, Roberto. Necesito conocer mis propios sentimientos. Entiéndeme, por favor.

¿Qué he hecho mal? Prometo cambiar.

Roberto, no es cuestión de haber hecho algo mal o sí, nos hemos acomodado. Reconoce que no hay chispa.

El teléfono de Silvia comenzó a iluminarse. Roberto la llamaba. Silvia no contestó.

Roberto sigo en el seminario. No puedo hablar. Hablamos la próxima semana.

¿Te recojo mañana en el aeropuerto?

Roberto, por favor, necesito tiempo.

(...)
                   

Elva Martínez

7 comentarios:

  1. Que ganas de que lo publiques tengo!! y cuanto mas leo mas ganas jajaja de verdad ... un besote Elva

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    1. Un muaaaaaackis bien fuerte para la presi más guapa. Bueno, ya falta menos, ja ja ja ja...

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  2. Genial elva ya quiero saber mas de mi tocaya de nombre silvia

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    1. Hola,Silvia, espero que tu tocaya esté publicada en un mes.
      Un saludo

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  3. cuando publicas el ultimo libro de la trilogia tres son multitud???

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    1. Hola, Francisca, el tercer libro de la trilogía está publicado en Amazon desde diciembre, lo encontrarás bajo el nombre "¿De verdad somos tres?"
      Si quieres estar al tanto de todas las novedades así como de sorteos, te recomiendo pasarte por la página que han creado un grupo de lectoras https://www.facebook.com/groups/388867741282222/
      Un abrazo
      Elva

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  4. Hola guapa!!
    desde hoy te sigo en tu blog y te invito a conocer el mío http://todoeldiadecompras.blogspot.com.es/
    Bss

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